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Activistas anti-transgénicos de EE.UU. han recibido más de 850 millones de dólares en donaciones

Los grupos anti-transgénicos se presentan al público como buscadores de la verdad independientes que luchan por construir un sistema alimentario saludable y contrarrestar el complot de “poderosas” corporaciones. Sin embargo, una investigación de un año, que derivó en una detallada base de datos de quién financia a estos grupos y cómo gastan sus donaciones masivas, pinta una imagen muy diferente.

Muchos de estos grupos activistas son operaciones de relaciones públicas altamente calificadas con grandes presupuestos trabajando para demonizar la biotecnología agrícola. Durante el período de cinco años 2012-2016, los grupos anti-OGMs recibieron US$850,922,324 en donaciones de compañías de alimentos orgánicos y fundaciones de altos recursos.

American Council on Science and Health / 9 de mayo, 2020.- Durante muchos años, el movimiento anti-OGMs ha difundido una narrativa convincente sobre su lucha contra la industria biotecnológica, referida peyorativamente [en inglés] como ‘Big Ag’ (en referencia a las grandes empresas del rubro agrícola). Según esta historia, los activistas de los alimentos orgánicos y los grupos ambientalistas son independientes, los rebeldes auto-organizados que se enfrentan a las corporaciones que buscan controlar el suministro mundial de alimentos con sus semillas transgénicas y pesticidas patentados. Es una lucha bíblica desde la visión de los activistas: ellos son David y la industria agroquímica, dirigida por Monsanto, es Goliat.

Esta narrativa al estilo de Erin Brockovich indudablemente ha convencido a muchos estadounidenses de que la industria de la biotecnología está gastando millones para promover sus productos, presionar al Congreso y silenciar a sus críticos desvalidos. Pero como el Genetic Literacy Project (GLP) ha documentado en su Rastreador de Financiamiento de Defensa Anti-OGM recién lanzado, el marco de David vs. Goliat es sospechoso en el mejor de los casos.

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Conoce a “Big Organic”

Basado en una investigación de un año de los registros de impuestos y los informes anuales de cientos de grupos de defensa anti-OGM y sus donantes, el rastreador GLP revela que, en lugar de “desvalidos que enfrentan al establishment corporativo”, muchos grupos activistas son operaciones de relaciones públicas altamente calificadas con grandes presupuestos trabajando para demonizar la biotecnología agrícola. Durante el período de cinco años 2012-2016, los grupos anti-OGMs recibieron US$850,922,324 en donaciones de compañías de alimentos orgánicos y fundaciones de altos recursos.

El rastreador presenta un mapa de red interactivo que ilustra las relaciones financieras entre donantes (círculos amarillos) y receptores (círculos azules), así como datos financieros exportables y perfiles detallados de las 50 organizaciones principales. Todos los datos se pueden alternar por año y tamaño de las organizaciones (top 10, 25, 50, etc.) Puedes consultar este artículo para obtener una explicación detallada sobre cómo usar el rastreador.

Un mapa de red que representa a donantes y receptores. Imagen: GLP

Estos grupos sin fines de lucro comprenden un movimiento altamente organizado que promueve un mensaje similar, comparte muchos de los mismos donantes y, en algunos casos, el mismo liderazgo. El veterano investigador de Greenpeace, Charlie Cray, por ejemplo, forma parte de la junta directiva de Right to Know de EE. UU., Un grupo de activistas financiado por la industria de alimentos orgánicos conocido por atacar a los científicos de la biotecnología como “shills” (o cómplices) de la industria agroquímica. Del mismo modo, el Environmental Working Group (EWG, por sus siglas en inglés), creador de la infame lista “Dirty Dozen”, está financiado por un equipo de lobby de la industria llamado Organic Voices Action Funds (OVAF). El presidente del EWG, Ken Cook, forma parte de la junta directiva de OVAF.

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Más allá del extenso entramado de activismo expuesto por el rastreador de GLP, hay hechos más esclarecedores que los consumidores, los encargados de formular políticas y los periodistas deberían conocer.

“Big Organic” gasta más que la industria biotecnológica

Los activistas contra los transgénicos suelen quejarse de que la industria biotecnológica ha gastado enormes sumas de dinero presionando a los políticos para que no bloqueen la regulación de sus semillas genéticamente modificadas y pesticidas. Esto es simplista, ya que los productos de la biotecnología y fitosanitarios están estrictamente regulados por la FDA, USDA y EPA, a un costo considerable para la industria. Pero el punto más importante es que los grupos activistas han gastado mucho más en lobby que la ‘Big Agriculture’, y la razón es simple, como señala GLP:

“Según los datos que hemos podido descubrir… el gasto pro-OGMs es considerable pero sigue siendo una fracción de los gastos de los grupos anti-OGMs… Mientras que los grupos anti-OGMs gastan cientos de millones de dólares presionando a través de los medios y el Internet para argumentar que los cultivos transgénicos y editados genéticamente no son saludables o sostenibles y, por lo tanto, deben prohibirse o etiquetarse, las empresas de biotecnología gastan la mayor parte de su dinero en el desarrollo de productos”.

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Fundaciones pro-ciencia financian activismo contra la ciencia

El activismo anti-OGM está financiado en gran medida por la industria de alimentos orgánicos, que considera la biotecnología como una amenaza para su rentabilidad. Sin embargo, una parte considerable de las donaciones recolectadas por los grupos anti-biotecnología agrícola proviene de fundaciones que en otras vías financian la investigación y educación científica convencional.

La Fundación Packard, por ejemplo, ha contribuido a una variedad de organizaciones basadas en ciencia, señalando en su sitio web que “apoya la investigación creativa y oportuna para despertar el pensamiento fresco y producir soluciones efectivas e innovadoras”. Sin embargo, la fundación también otorgó al Natural Resources Defense Council (NRDC) unos US$1,250,000 entre 2012 y 2016.

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NRDC no ha tenido reparos en oponerse al consenso científico sobre los OGMs, recitando el conocido tema de discusión de que las empresas de biotecnología “tienen un control absoluto” sobre las agencias federales que deberían estar regulandolas. El grupo ambiental también ha trabajado con el periodista Paul Thacker, quien se refiere a grupos pro-científicos, incluido el GLP y ACSH, como “espías de Monsanto” para educar al público sobre los OGMs.

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Para muchas fundaciones, este rastreador debería generar cierta reflexión y reconsideración de sus prácticas de financiación, como señala el GLP:

Incluso algunos de los grupos anti-OGMs más agresivos dedicados exclusivamente a atacar la biotecnología han recibido importantes subvenciones de fundaciones pro-científicas… ¿Estas fundaciones son conscientes de que están financiando grupos activistas que dependen de investigaciones científicamente poco sólidas y rechazan el consenso científico abrumador de que la tecnología de los OGMs es segura?

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