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El cambio climático implica que debemos superar los temores sobre las plantas agrícolas editadas genéticamente

El director ejecutivo de Bayer, Bill Anderson, sostiene en una columna de opinión que la crisis climática hace imperativo que los países adopten la edición genética para desarrollar cultivos más resilientes y adaptables.

Fast Company / 5 de diciembre, 2023.- Maíz de baja estatura que resiste fuertes temporales. Trigo que tolera bien las sequías. Arroz que puede crecer en suelos más salados. Sorgo que utiliza el agua de manera más eficiente en un clima más cálido. Variedades de plantas con resistencia incorporada a los hongos.

Estos son sólo algunos de los cultivos que los científicos están mejorando mediante la edición de genes, una técnica que se demostró por primera vez hace sólo 11 años. Si bien esta tecnología ya ha logrado avances notables en la medicina (como la primera terapia CRISPR aprobada en el mundo para la anemia de células falciformes), su capacidad para revolucionar la alimentación y la agricultura no es menos profunda. Hay mucho en juego: el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea (UE) ha anunciado que este año va camino de ser el más caluroso de la historia. El clima extremo amenaza las cosechas en todo el mundo. A medida que el planeta se calienta, la edición genética es una de nuestras mayores esperanzas para desarrollar cultivos resilientes que permitan la adaptación.

Sin embargo, el calentamiento del planeta y los avances de las tecnologías genómicas en otras industrias no han llevado a la adopción generalizada de un nuevo paradigma para el mejoramiento de cultivos en la agricultura. Para aprovechar al máximo estas tecnologías, necesitamos un marco regulatorio que se mantenga al día con la ciencia, y debemos acompañar al público en el viaje.

La presión para que los agricultores de todo el mundo cultiven suficientes alimentos para satisfacer la demanda está aumentando, incluso cuando muchos cultivos se pierden debido a olas de calor abrasadoras, lluvias torrenciales y sequías devastadoras. Dado que se espera que la población alcance los 10 mil millones para 2050, la seguridad alimentaria está en el centro de atención en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de este año en los Emiratos Árabes Unidos, y los beneficios de la edición genética deberían ser una parte central de esa conversación. No tenemos el tiempo que lleva el mejoramiento tradicional de cultivos (más de una década) para que los cultivos de los que dependemos se adapten mejor a un planeta más cálido. La edición genética acorta ese período de tiempo a meses, porque permite a los científicos de plantas realizar cambios precisos en un área específica del genoma del cultivo.

Sin embargo, con demasiada frecuencia la ciencia ha superado a la política. En Europa, donde he vivido gran parte de mi carrera, la tecnología de los organismos genéticamente modificados (OGMs o transgénicos) todavía no es bienvenida, a pesar de que los estudios demuestran consistentemente la seguridad de los alimentos GM que ya están en el mercado, algunos desde hace más de tres décadas. (Si bien la edición genética de cultivos es relativamente reciente, los alimentos transgénicos se remontan a principios de la década de 1990 e implican la transferencia de ADN de un organismo a otro para conferir ventajas específicas, como resistencia a los insectos; mientras tanto, la edición genética permite a los científicos cambiar el genoma de un cultivo directamente.)

A principios de este año, la UE anunció una propuesta para permitir la edición genética en cultivos, reconociendo la importancia del método para adaptarse al cambio climático lo más rápido posible. Aunque la propuesta se ve obstaculizada por dictados burocráticos (como limitar arbitrariamente el número de modificaciones genéticas que se pueden realizar, incluso en cultivos básicos complejos como el trigo, la soja y las papas), se trata de un avance importante. El cambio climático está afectando duramente a Europa. Espero que los agricultores del continente no estén en desventaja con respecto a sus homólogos de Estados Unidos, Canadá, China, Argentina y Brasil, todos ellos países que cuentan con marcos regulatorios que respaldan este tipo de innovación.

En África, los reguladores también deben considerar el potencial de la tecnología emergente. Muchos de los cultivos clave del continente, como el maíz, la yuca, el sorgo y los plátanos, sufren sequías y enfermedades que seguramente empeorarán a medida que el planeta se caliente. Científicos de universidades de Kenia, Nigeria, Uganda, Egipto, Ghana y Etiopía están estudiando cómo incorporar rasgos de resistencia mediante la edición de genes, así como mejoras en la nutrición y la tolerancia al estrés. A nivel político, el continente ha avanzado en la autorización de los OGMs. Kenia y Nigeria también han introducido directrices regulatorias para la edición de genes. Veinticinco países africanos importan la mayor parte de su trigo de Rusia o Ucrania, y la guerra en curso interrumpe su suministro de alimentos; permitir una mayor edición de genes podría ayudar a las regiones a depender menos de estas importaciones.

Estados Unidos se encuentra entre los países de mentalidad más abierta a las nuevas técnicas genómicas, y este año vimos llegar al mercado el primer alimento editado con CRISPR. Es una mezcla de ensalada con la densidad nutricional de las verduras de hojas verdes, editada para tener el suave sabor de la lechuga romana. Pero es un producto, en versión limitada. Bayer está invirtiendo fuertemente en las nuevas posibilidades de la biología, incluido un nuevo cultivo de cobertura que podría proporcionar materia prima para combustible de aviación sostenible y soja con resistencia a la roya asiática de la soja, que requeriría menos tratamientos con fungicidas.

Así como los sistemas regulatorios con demasiada frecuencia van a la zaga de la ciencia, las actitudes de los consumidores también tienen que ponerse al día. La persistente vacilación sobre los transgénicos pone de relieve los escollos que la industria debe evitar: el 36% de los consumidores estadounidenses dicen que no saben nada o muy poco sobre los transgénicos y, a pesar de su bajo nivel de conocimiento, el 47% dice que evitan los alimentos transgénicos al menos en parte.

De hecho, no existe evidencia creíble de que comer alimentos genéticamente modificados cause efectos adversos para la salud. Se encontró que los pocos estudios sobre transgénicos que han sugerido problemas de seguridad tenían defectos metodológicos que invalidan sus conclusiones. Sin embargo, el estigma persiste: algunas personas temen que los alimentos transgénicos sean antinaturales y, por lo tanto, poco saludables, pero esto es una falacia. Muchas cosas que son naturales son peligrosas, como la radiación o el arsénico, mientras que los cultivos transgénicos son 99,99% idénticos en composición al original.

A nivel mundial, la edición de genes es una herramienta fundamental. El acceso a esta debe democratizarse para que todos los agricultores y consumidores puedan aprovechar sus beneficios. Tomará tiempo y no es la única herramienta que necesitamos para reformar radicalmente la agricultura frente al cambio climático. De hecho, los agricultores necesitan toda una caja de herramientas de soluciones innovadoras para hacer su trabajo en un entorno más hostil. Un descubrimiento reciente con microbios, por ejemplo, permite a las plantas convertir el carbono atmosférico en nutrientes permanentes del suelo y, al mismo tiempo, mejorar la salud del suelo para que las granjas puedan convertirse en megafábricas de eliminación de carbono a escala.

No debemos rehuir el uso de herramientas biotecnológicas en la agricultura, sino más bien utilizarlas de forma racional y transparente. CRISPR permitirá obtener alimentos de mejor calidad con una producción más sostenible. Por ejemplo, se podría añadir una etiqueta a las bolsas de semillas que incluya información sobre el uso y las ventajas de la edición genética. Estoy convencido de que aumentar la transparencia es la forma de aumentar la confianza. Permitamos que las personas tomen decisiones que sean buenas para su salud y el planeta.

En la COP28 de esta semana, estoy orgulloso de liderar un equipo que promueve soluciones agrícolas. También sé que la tecnología por sí sola no es suficiente. Debemos comunicarnos con claridad y convicción para que nuestras herramientas puedan obtener una amplia aceptación. Los avances sólo pueden mover la aguja tanto (o tan poco) como la sociedad lo permita.

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