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Estudio concluye que producción de semillas transgénicas no impacta al negocio de la agricultura orgánica en Chile

Estudio elaborado por científicos chilenos indica que la industria de las semillas en Chile ha sido exitosa en la implementación voluntaria de una estricta estrategia de coexistencia entre distintas variedades de semillas pertenecientes a una misma especie, como ente las semillas transgénicas y las no transgénicas, basándose en la georreferenciación y la comunicación entre agricultores.

ChileBio / 7 de enero, 2022.-Un estudio elaborado por los científicos chilenos Miguel Ángel Sánchez y Hugo Campos, titulado “La coexistencia de la producción de semillas genéticamente modificadas y la agricultura orgánica en Chile” determinó que los agricultores orgánicos coexisten eficientemente con los productores de semillas transgénicas en Chile. Los autores concluyen que es poco probable que semillas transgénicas de maíz, canola y soja, las principales producidas en el país, tengan un impacto significativo sobre la producción orgánica en Chile, destinada principalmente a frutales. De hecho, hasta la fecha, de manera oficial no se ha informado, notificado ni confirmado ni un solo caso de impacto agronómico, de calidad o comercial entre ambas actividades agrícolas.

El Dr. Sánchez, quien es director ejecutivo de ChieBio, y el Dr. Campos, quien es Director de Investigación del Centro Internacional de la Papa en Perú, afirman en el estudio, publicado por la Revista “GM CROPS & FOOD”, que la implementación de estrategias de coexistencia son clave para garantizar el desarrollo de ambos modelos productivos.

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Los expertos afirman que “estos enfoques de coexistencia son clave para salvaguardar la libertad de elección que se ofrece tanto a los agricultores como a los consumidores, para que puedan utilizar o adquirir productos según sus preferencias”. “La coexistencia no tiene que ver con la seguridad ambiental o sanitaria, ni con el rendimiento agronómico; más bien se relaciona con la producción de alimentos, la entrega de opciones a los agricultores, el respeto a las preferencias de los consumidores y el valor percibido de un producto, especialmente en el caso de los mercados de exportación”.

Entre las medidas que se destacan en el estudio están las barreras de polen, la rotación de cultivos, el control de plantas voluntarias, el aislamiento espacial y/o temporal, el establecimiento de umbrales de impureza varietal en la fuente de semillas, la limpieza exhaustiva de la cosecha, de los equipos de transporte y procesamiento, y de las instalaciones de almacenamiento, y la implementación de mecanismos de trazabilidad de alimentos desde el campo a la mesa”.

Medidas voluntarias

La industria de las semillas en Chile ha sido exitosa en la implementación voluntaria de una estricta estrategia de coexistencia entre distintas variedades de semillas pertenecientes a una misma especie, como ente las semillas transgénicas y las no transgénicas, basándose en la georreferenciación y la comunicación entre agricultores, indica el estudio.

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Las variedades de maíz, soja y canola modificadas genéticamente representan la gran mayoría de las semillas biotecnológicas producidas en Chile, con fines estrictamente de exportación. Pero ello no ha afectado, según muestra el estudio, las producciones orgánicas del país. Los agricultores orgánicos chilenos producen y exportan principalmente frutas como arándanos, uvas de vino y manzanas, “donde tener predios vecinos cultivando semillas transgénicas no les ha provocado impacto significativo, ya que en la mayoría de los casos, no se trata de especies sexualmente compatibles”, afirma el Dr. Sánchez.

A su vez, según las normas de certificación orgánica chilenas, la producción orgánica debe aislarse de la producción de cualquier producto no orgánico, sean transgénicos o no. A su vez, los autores resaltan que la coexistencia exitosa entre la agricultura orgánica y la producción de OGM es una realidad en distintos países del mundo, donde por ejemplo los principales países productores de alimentos orgánicos (Australia, Argentina, España, EEUU, India, China, Canadá, Brasil) son a su vez los principales países productores de transgénicos sin haber conflictos significativos.

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La experiencia chilena sobre la coexistencia descrita genera lecciones valiosas que pueden resultar muy útiles para otros países, incluidos los países en desarrollo, que consideren los cultivos transgénicos como una opción disponible para los agricultores.

La agricultura orgánica en Chile

En el año 2019 en Chile hubo 20.987 hectáreas cultivadas certificadas como orgánicas, representando menos del 1% de todas las tierras dedicadas a cultivos anuales y permanentes, a pastos forrajeros permanentes y de rotación, y al barbecho en Chile. Esta producción orgánica corresponde principalmente a frutas (69,5% del total), siendo las principales los arándanos (3.868 ha), uvas para vino (3.507 ha), manzanas (2.683 ha), y las frambuesas (1.222 ha).  Los cultivos orgánicos chilenos también incluyen cultivos de pastos (1.413 ha); plantas medicinales (374 ha); cereales, pseudocereales (quinua y amaranto) y oleaginosas (273 ha); hortalizas y legumbres (150 ha); y semillas y viveros (31 ha). Además, una superficie significativa (92 279 ha) está dedicada a la recolección de productos silvestres de diversas frutas y tejidos vegetales como rosa mosqueta, maqui y zarzamoras. La producción orgánica certificada de Chile se destina principalmente a los mercados de exportación. En 2019 se exportaron 86.948 toneladas con un valor franco a bordo (FOB) de USD 274 millones, lo que representa el 2,7% de todas las exportaciones agrícolas de Chile. En comparación con los datos de 2015, las exportaciones han crecido un 32% y su valor un 27% (FOB USD), respectivamente.

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Las semillas transgénicas en Chile

Por su parte, debido a sus características geográficas, climáticas y económicas, Chile se ha convertido en un actor líder en el desarrollo de cultivos transgénicos. Chile es el principal exportador de semillas transgénicas del hemisferio sur y ha acumulado 30 años de experiencia en la producción de éstas. Además, las actividades investigación de campo llevadas a cabo en Chile permiten acelerar los programas de desarrollo de nuevas variedades vegetales de interés mundial. Las semillas transgénicas de maíz, soja y canola representan más del 99,9% de todas las semillas transgénicas sembradas en Chile. Además, en estos cultivos, la tasa de producción de transgénicos ha tenido máximos de un 72% de toda la producción de semillas de maíz, el 85% de toda la producción de semillas de canola, y el 100% de la producción de semillas de soja producidas en Chile. La producción de semillas transgénicas de Chile se cultiva exclusivamente para los mercados de exportación, y su valor (FOB) ha oscilado entre USD $ 68 y 93 millones en las últimas 5 temporadas. Además, la investigación de campo con estas semillas ha representado entre 21 y 25 millones de dólares adicionales cada temporada. Las exportaciones de semillas transgénicas alcanzaron un pico en la temporada 2012/2013, alcanzando USD $ 324,5 millones FOB, debido a una severa escasez de producción de semillas observada en los Estados Unidos luego de condiciones climáticas adversas.

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En Chile no hay producción orgánica significativa de maíz, soja y canola, y a su vez no hay producción significativa de frutales transgénicos, siendo sólo a nivel de experimentación y con superficies muy menores.


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