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Chile ha invertido más de US$16 millones en recursos públicos para investigación y desarrollo de cultivos transgénicos

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Los científicos chilenos Dr. Miguel Ángel Sánchez y Dr. Gabriel León concluyeron que la falta de regulaciones claras conduce a los agricultores chilenos a no utilizar los cultivos transgénicos y a que el país se encuentre en una situación contradictoria frente a este tema.

Este fue uno de los aspectos destacados en un completo estudio sobre el mercado, la regulación y la investigación de los cultivos transgénicos en Chile publicado por ambos investigadores en la última edición de la revista científica New Biotechnology. El doctor en Ciencias Biológicas Miguel Ángel Sánchez, se desempeña como Director Ejecutivo de ChileBio, mientras el también doctor en Ciencias Biológicas Gabriel León es actualmente Director del Centro para la Comunicación de la Ciencia de la Universidad Andrés Bello.

Los autores afirman en su estudio que la biotecnología agrícola y los cultivos genéticamente modificados (GM) son herramientas eficaces para aumentar sustancialmente la productividad, la calidad y la sostenibilidad del medio ambiente en el cultivo agrícola. Además, pueden contribuir a mejorar el contenido nutricional de los cultivos, frente a las necesidades relacionadas con la salud pública.

Destacan que “Chile se ha convertido en uno de los actores más importantes para la producción de semillas transgénicas destinadas a los mercados de contra-estación y para fines de investigación”.

En cuanto a la situación regulatoria de los cultivos transgénicos en nuestro país, los especialistas afirman que existe un estricto marco regulatorio para llevar a cabo estas actividades con semillas transgénicas. Junto a esto, “a pesar de las importaciones de alimentos transgénicos y de que los ingredientes para la industria alimentaria están permitidos sin restricciones, los agricultores chilenos no están usando semillas transgénicas con fines domésticos debido a la falta de directrices claras”, dicen los autores del estudio.

Por ello, no dudan en afirmar en su estudio que Chile se encuentra en una situación bastante contradictoria sobre los cultivos transgénicos donde el país ha invertido más de 16 millones de dólares en recursos públicos para financiar la investigación y desarrollo de cultivos transgénicos, es líder a nivel global en semillas transgénicas para abastecer el mercado de contra estación, pero la falta de claridad en la situación actual de regulación para uso interno, impide el uso de este tipo de tecnología para desarrollar nuevos productos para los agricultores chilenos.

Sin embargo, en el estudio destacan que una mayor capacidad científica en relación con la investigación de cultivos transgénicos continúa acumulándose en el país.

Al respecto, el Dr. Gabriel León explica que “las universidades y otras instituciones vinculadas a la investigación en esta área, como el INIA (el cual depende del Ministerio de Agricultura), han hecho importantes contribuciones en esta materia e incluso han desarrollado nuevas variedades que podrían resolver algunos problemas de la agricultura nacional, como cultivos resistentes a hongos, tolerantes a la sequía o a la salinidad del suelo”.

El problema, a juicio del Director Ejecutivo de ChileBio, Dr. Miguel Ángel Sánchez, “es que dichos desarrollos no están siendo aprovechados por los agricultores chilenos, y tampoco pueden optar a ellos, debido al vacío regulatorio que existe y a la falta de voluntad política para resolver esta situación”.

Los científicos destacan en su estudio, que a diferencia de lo que se puede creer, sí existe regulación para la producción de cultivos transgénicos en Chile y estos no están formalmente prohibidos. “Existen disposiciones en el SAG que regulan la producción de semillas transgénicas para fines de exportación, mientras para la producción interna en beneficio de los agricultores y los consumidores existen normas que otorgan atribuciones a los Ministerios de Salud y Medio Ambiente, pero ha faltado voluntad política para echarlas a andar, afirma Sánchez.

Conclusiones centrales del estudio publicado por los científicos chilenos:

  • Chile es un actor clave para la prueba de campo de producción de semillas transgénicas en contra-estación.
  • Las actividades de semillas modificadas genéticamente deben cumplir con un estricto marco regulatorio en Chile.
  • La reglamentación para el uso interno de semillas transgénicas es ambigua e incompleta.
  • La falta de regulaciones claras conduce a los agricultores chilenos a no utilizar los cultivos transgénicos.
  • Chile ha invertido considerables recursos para promover la I + D en los cultivos transgénicos.

Algunas cifras sobre la inversión de recursos públicos chilenos en cultivos transgénicos:

  • 32 proyectos de investigación que implican modificación genética de cultivos de importancia económica y especies forestales han sido financiados por agencias públicas en Chile desde 1991, con una inversión pecuniaria total de US$ 16.2 millones.
  • El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) lidera el ranking con 16 proyectos y una inversión total de US $ 8,3 millones, correspondiente al 51,4% de la inversión total.
  • Otras 8 instituciones de investigación han obtenido financiación pública: 6 universidades y 2 centros de investigación (CEAZA y Fundación Chile).
  • Los 32 proyectos de investigación implican al menos 12 especies diferentes de plantas, incluyendo uva de mesa (7 proyectos), papa (4 proyectos), frutales de carozo como durazno, ciruelo y cerezo (4 proyectos) y otros. Han sido aprobados 6 proyectos que implican modificación genética de árboles: 3 de eucalipto y 3 en pinos.
  • 17 de estos proyectos están relacionados con aumentar la resistencia a enfermedades virales, bacterianas y fúngicas. Otros 9 proyectos tienen como objetivo desarrollar la tolerancia al estrés abiótico (sequía, salinidad y frío).
  • 2 proyectos fueron concebidos para mejorar la comercialización a través de la modificación de la dulzura en manzanas y la generación de uvas sin semillas. Otros 2 proyectos están relacionados con la biofortificación (aumento del contenido de betacaroteno en manzanas y carotenoides en la canola) y un proyecto tiene como objetivo generar pinos tolerantes a herbicidas.
  • 16 proyectos de investigación han sido financiados por programas del Ministerio de Educación (FONDEF, FONDECYT y CONICYT), otros 14 han sido financiados por el Ministerio de Economía (CORFO) y 2 por el Ministerio de Agricultura (FIA).
  • 2 consorcios empresariales de investigación tecnológica se han puesto en práctica con el fin de mejorar la producción de fruta, un sector clave para las exportaciones agrícolas chilenas. Ambos se centran en la genómica y la mejora genética en las frutas sin hueso y vides.
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