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Nuevo estudio enfatiza el potencial de la ingeniería genética vegetal para combatir el “hambre oculta”

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Más de 2 mil millones de personas en todo el mundo sufren desnutrición de micronutrientes debido a deficiencias de minerales y vitaminas. Las personas pobres de los países en desarrollo son las más afectadas porque sus dietas suelen estar dominadas por alimentos básicos de almidón, que son fuentes económicas de calorías pero que contienen bajas cantidades de micronutrientes. En un artículo publicado recientemente en Nature Communications, un equipo internacional de científicos explica cómo la ingeniería genética vegetal puede ayudar a abordar de manera sostenible la desnutrición de micronutrientes.

Ghent University / 16 de octubre, 2020.- La desnutrición de micronutrientes causa graves problemas de salud. El mayor número de personas afectadas por deficiencias de minerales y vitaminas vive en África y Asia. Por ejemplo, la deficiencia de vitamina A y zinc son los principales factores de riesgo de mortalidad infantil. La deficiencia de hierro y ácido fólico contribuye a la anemia, problemas de desarrollo físico y cognitivo. A menudo, las personas afectadas no son conscientes de sus deficiencias nutricionales, por lo que también se utiliza el término “hambre oculta”. Las soluciones a largo plazo son que todas las personas conozcan una nutrición saludable mediante la educación y el aumento de los ingresos para que todos puedan permitirse una dieta equilibrada durante todo el año. Sin embargo, se requieren intervenciones más específicas a corto y mediano plazo.

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Una intervención consiste en mejorar cultivos alimentarios básicos para que produzcan un mayor contenido de micronutrientes, también conocido como “biofortificación”. Durante los últimos 20 años, los centros internacionales de investigación agrícola han desarrollado cultivos biofortificados utilizando métodos de mejora convencionales, que incluyen camote y maíz con vitamina A, y trigo y arroz con mayor contenido de zinc. Estos cultivos se lanzaron con éxito en varios países en desarrollo con beneficios nutricionales y para la salud comprobados. Sin embargo, los enfoques de mejoramiento convencional para la biofortificación tienen limitaciones o no son posibles en varios otros cultivos básicos.

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Desde el artículo de perspectiva en Nature Communications, los científicos informan cómo la ingeniería genética puede ayudar a mejorar aún más los beneficios de los cultivos biofortificados. “Los enfoques de transgenia nos permiten alcanzar niveles de micronutrientes mucho más altos en los cultivos que los métodos convencionales por si solos, lo que aumenta la eficacia nutricional. Demostramos esto para los folatos en el arroz y la papa“, dice Dominique Van Der Straeten de la Universidad de Ghent en Bélgica, autor principal del estudio. “También logramos reducir significativamente las pérdidas de vitaminas poscosecha“, agrega.

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Otra ventaja de la ingeniería genética es que se pueden combinar grandes cantidades de varios micronutrientes en el mismo cultivo. “Esto es muy importante, ya que las personas pobres a menudo sufren de deficiencias de micronutrientes múltiples”, dice el codirector Howarth Bouis del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias y ganador del Premio Mundial de la Alimentación 2016. Por ejemplo, el equipo de científicos ETH Zurich aumentó simultáneamente el hierro, el zinc y la provitamina A en el arroz.

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La ingeniería genética también puede ayudar a combinar el aumento micronutrientes con nuevas características agronómicas que aumentan la productividad, como la tolerancia a la sequía y la resistencia a las plagas, que son cada vez más relevantes con el cambio climático. “Los agricultores no deberían tener que tomar decisiones difíciles entre cultivos que mejoran la nutrición o permiten cosechas productivas y estables. Necesitan la combinación de ambos aspectos, lo que también respaldará la adopción generalizada“, dicen los autores.

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Además, reconocen que muchos consideran la ingeniería genética con escepticismo, a pesar de que las investigaciones muestran que los cultivos resultantes son seguros para el consumo humano y el medio ambiente. Una de las razones de las preocupaciones públicas es también que la ingeniería genética a menudo se asocia con grandes empresas multinacionales. Los autores concluyen: “Los cultivos biofortificados pueden reducir algunas de las preocupaciones, ya que estos cultivos se desarrollan con fines humanitarios. La financiación pública es clave para una aceptación más amplia“.

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