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20 años de transgénicos en Brasil: Agricultores son los más beneficiados

En 20 años de adopción, los cultivos transgénicos han aumentado las ganancias de los agricultores, inyectado miles de millones de reales a la economía de Brasil y han preservado el medio ambiente. Un nuevo estudio examinó los datos de las últimas dos décadas de adopción de cultivos transgénicos en Brasil y reveló que la agricultura y el productor rural son los más beneficiados.

En 2018, Brasil cumple 20 años de adopción de transgénicos en la agricultura. A lo largo de este período, se destacan los beneficios para el productor rural derivados de la siembra de soya, maíz y algodón genéticamente modificados (GM).  Hubo por ejemplo reducción en la aplicación de plaguicidas por hectárea y disminución de las pérdidas debido al ataque de plagas. Como consecuencia, la productividad y el rendimiento de los cultivos GM fueron, en promedio, mayores que en cultivos convencionales. Los datos forman parte del estudio «20 años de transgénicos en Brasil: beneficios ambientales, económicos y sociales» divulgado este lunes, 03 de septiembre. La recolección de la información fue realizada por la consultora Agroconsult con el apoyo del Consejo de Información sobre Biotecnología (CIB).

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A lo largo del período analizado, el beneficio obtenido por hectárea de la soya transgénica fue hasta un 26% superior al de la variedad convencional. Para el maíz, el desempeño diferencial llegó a ser del 64% en la cosecha verano y el 152% en la cosecha de invierno. En el cultivo del algodón, las semillas transgénicas tienen un margen 12% superior a las no modificadas. «Es incuestionable el impacto positivo de esta tecnología en la actividad agrícola y en la calidad de vida, nivel de educación y renta de la población,» comenta la directora ejecutiva del CIB, Adriana Brondani. Abajo, la comparación entre los márgenes de la siembra 2017/18.

El medio ambiente también se beneficia de la adopción de transgénicos

La reducción en la aplicación de plaguicidas por hectárea es uno de los factores que explica el incremento del rendimiento de las variedades transgénicas, el cual fue de hasta 36% para la soya, 18% para maíz verano, 16% para maíz invierno y 32% para algodón. En el acumulado, la siembra de cultivos transgénicas evitó que se aplicaran más de 800 mil toneladas de plaguicidas usados ​​para el control de plagas. Según el informe, la adopción de la semilla GM funciona como una reacción en cadena, pues también evita el consumo de combustible que se utiliza en la maquinaria de pulverización. En el período analizado, el estudio muestra que se ahorraron 377 millones de litros de combustible, lo que equivale retirar de circulación 252 mil automoviles de las calles por un año.

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Considerando el diferencial de productividad entre los sistemas que adoptan la biotecnología y los que no la utilizan, otro beneficio ambiental es la menor presión por nuevas áreas agrícolas. «En otras palabras, si fuera necesario mantener el nivel de producción alcanzado por las áreas de cultivos transgénicos, deberían haber sido sembradas 9,9 millones de hectáreas más en el país entre 1998 y 2017,» resalta Adriana.

Los beneficios acumulados de la reducción en la aplicación de plaguicidas y del ahorro de área cultivada impactan directamente en las emisiones de gases de efecto invernadero. La disminución de emisiones alcanza 26,5 millones de toneladas de CO2, lo que equivale a la siembra de 189 millones de árboles nativos.

Las tasas de adopción revelan eficiencia

Al tener cultivos más protegidos, el manejo se facilita y consecuentemente, hay aumento de la productividad sin necesariamente aumentar el área sembrada. Sin embargo, para Adriana Brondani, además de las ganancias económicas y ambientales que los números revelan, las variedades GM traen otros impactos positivos difíciles de medir.

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«Las semillas transgénicas transformaron el trabajo en el campo. Antes, era común que la actividad fuera considerada excesivamente difícil y sacrificante. A partir de la adopción de esta y de otras tecnologías, se ha vuelto más atractivo y gratificante. Esto ha permitido que el productor invierta más en su propio bienestar y en el de su familia», resalta la ejecutiva. Esta afirmación se ve reforzada por el hecho de que los municipios relevantes para la producción de soya, maíz y algodón en el país presentan una evolución más acelerada en el Índice de Desarrollo Humano – IDH – en comparación con otras ciudades.

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La simple vista  la velocidad con que se dio la adopción de la tecnología, en Brasil y en el mundo, sugiere que hay ventajas claras en su adopción y que éstas han sido consistentes a lo largo de los años. En el maíz, la adopción saltó al 66,8% en la cosecha de verano y el 81,6% en la cosecha de invierno en apenas cuatro años de cultivo. Actualmente, el 92,3% de la soya producida en suelo brasileño es transgénica, así como el 86,7% del maíz de verano, el 74,7% del maíz de invierno y el 94% del algodón.

Beneficios económicos, sociales y financieros

Desde el punto de vista económico, la biotecnología ha representado una inyección adicional de R $45,3 mil millones en la economía de Brasil, entre las cosechas de 1998/99 y 2017/18. La generación de empleos, a su vez, fue de 49.281 o el correspondiente a R $ 2,2 mil millones pagados en salarios. En ingresos de impuestos, los resultados obtenidos por el uso de la biotecnología llevaron a un aumento de R $ 731 millones. Se estima, además, que el volumen adicional producido de soya, maíz y algodón representó 16,7 millones de toneladas más para exportación y generó ganancias cercanas a los 3.800 millones de dólares. Ante todos estos resultados, es posible concluir que el apoyo al uso correcto y sostenible de los cultivos transgénicos debe ser considerado parte de una agenda estratégica del agronegocio y del país.

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