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Figura clave de la agricultura orgánica da apoyo público a los cultivos editados genéticamente

Klaas Martens en un campo de maíz orgánico.

En la segunda edición del evento CRISPRcon se contó con un inesperado apoyo de Klaas Martens, líder en el sistema de agricultura orgánica, a los cultivos editados genéticamente (EG), lo cual plantea preguntas sobre cómo definir a los organismos genéticamente modificados (OGMs) y editados con CRISPR a medida que la tecnología cambia rápidamente.

Klaas Martens, una voz prominente en el movimiento orgánico y un agricultor de granos y ganadero de tercera generación, dice que estaría abierto a usar cultivos editados genéticamente, siempre que imiten las variedades naturales.

Ese comentario sorpresa, hecho durante un panel de discusión en la segunda edición de CRISPRcon, una convención de edición genética celebrada la semana pasada en Boston, Massachusetts, está en desacuerdo con la política orgánica federal y la ortodoxia del movimiento cultural. Sus declaraciones revelan la complejidad de definir la «modificación genética» a medida que la tecnología cambia rápidamente, cambios que podrían generar una especie de crisis de identidad para los productores orgánicos.

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Martens es una figura prominente en el movimiento orgánico. Comenzó a cultivar en la región de Finger Lakes en Nueva York en la década de 1970, como agricultor convencional, antes de pasar a su granja al sistema orgánico a principios de la década de 1990. Él y su esposa Mary-Howell ahora cultivan 1,600 acres de granos orgánicos y ganado en la granja, y administran un negocio de cultivos para alimentación humana y animal llamado Lakeview Organic Grain. Notablemente, Martens es el proveedor favorito de Dan Barber, el chef del influyente restaurante de la ciudad de Nueva York Blue Hill, quien recientemente fundó Row 7, una compañía de semillas que usa técnicas de mejoramiento convencional.

Martens habló por teléfono con New Food Economy elaborar su posición. Él tiene la esperanza de que la tecnología de edición genética conocida como CRISPR pueda ser útil para los agricultores que desean cultivar versiones de cultivos naturales que restablezcan la salud del suelo.

«Si se usa de la misma manera que los productos actuales, entonces no tendría ningún interés», dice, comparando los cultivos editados genéticamente con los cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas, que están empalmados genéticamente con ADN de plantas y bacterias para resistir a los herbicidas. «Si se pudiera usar de una manera que mejorara el sistema natural y lo imitara, entonces querría usarlo. Pero definitivamente tendría que ser caso por caso».

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Los comentarios de Martens son sorprendentes porque los productos orgánicos, según lo define la ley de Estados Unidos bajo el Consejo Nacional de Estándares Orgánicos (NOSB), no pueden certificarse si están genéticamente modificados (GM) con ingeniería genética o si contienen ingredientes genéticamente modificados individualmente.

El problema es que las nuevas técnicas están creando un debate sobre lo que realmente implica la «modificación genética». Hasta hace poco, la mayoría de la gente usaba el término para referirse a cultivos creados insertando ADN exógeno (de otra especie) de un organismo a otro. Este proceso, conocido como transgenia, nos dio productos como la soya tolerante a herbicidas, y también el maíz Bt resistente a plagas, que ambos modificados al insertarles genes de una bacteria natural del suelo. La inserción de genes de otras especies ha demostrado ser controvertida en el pasado.

Pero las nuevas técnicas de edición de genes, como CRISPR, no requieren la inserción de material genético exógeno. Los defensores afirman que este enfoque, que permite a los científicos editar o cortar con precisión rasgos específicos, es una forma de mejoramiento convencional más rápida y económica, y los resultados son indistinguibles de los métodos convencionales. Aunque ambos enfoques implican la modificación de genes, los partidarios de la edición de genes están ansiosos por diferenciarlos.

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Aunque CRISPR puede usarse para desarrollar cultivos y animales transgénicos (los antiguos OGMs), el consenso emergente es que lo mejor es enmarcar la edición genética de plantas y animales como una aceleración de los métodos de mejoramiento tradicional, y no como una mutación antinatural que no podría ocurrir afuera de un laboratorio. Recombinetics, una compañía de genética con sede en Minnesota que usó herramientas de edición de genes para desarrollar terneros lecheros sin cuernos, así como cerdos que nunca pasan por la pubertad, se refiere a la edición genética como «mejoramiento genético de precisión», por ejemplo.

Los reguladores parecen estar de acuerdo. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) ha decidido no regular los cultivos editados genéticamente como OGMs (o transgénicos), y ha sugerido que estos cultivos no deberán etiquetarse con su etiqueta propuesta de producto desarrollado con «bioingeniería».

Ahora, Klaas Martens sugiere que los cultivos editados genéticamente también caen dentro del ethos de lo orgánico. Esta actitud entra en conflicto con la posición oficial de NOSB sobre la edición de genes, que es que no tiene ninguna diferencia con respecto a otros métodos de modificación con ingeniería genética. Los OGMs 8o transgénicos) han sido prohibidos de la agricultura orgánica desde 2002. En 2016, el NOSB votó unánimemente para agregar la edición de genes con CRISPR a una lista de «métodos excluidos».

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«Es muy claro que es [un método de] modificación genética y no tiene un historial de campo de variedades mejoradas para evaluar qué efectos involuntarios podría tener la tecnología sobre el medio ambiente, al igual que todos los OGMs liberados en el medio ambiente han tenido efectos involuntarios que no muestran durante varios años «, dijo un miembro de la junta en ese momento.

En 2017, el consejo aclaró aún más su posición sobre la edición de genes, y específicamente agregó la cisgénesis y la intragénesis, es decir, la manipulación genética dentro de la misma especie, sin ADN exógeno, a la lista de métodos excluidos, de nuevo por unanimidad.

Martens es firme en lo orgánico. Se opone a la agricultura hidropónica sin suelo como una práctica orgánica, por ejemplo. «Escuchaba a alguien tratando de convencerme de que era [orgánico]», dice, «pero tendrían que convencerme de cambiar mi visión del mundo». Afirma que el maíz Bt resistente a plagas no es mejor que usar un pesticida. Pero está abierto a la edición de genes, porque podría restaurar las variedades de cultivos que ocurren naturalmente, que, a su vez, podrían mejorar la salud del suelo, una preocupación clave de la agricultura orgánica.

Mientras Martens dice que no está hablando en nombre de otros agricultores, su estatura como líder de la comunidad orgánica desde hace mucho tiempo sugiere que otros productores orgánicos, deseosos de seguir los pasos de Rudolf Steiner, pronto puedan seguirlos.

«Fue la intuición lo que le dijo a [Steiner] lo que estaba pasando», dice Martens. «Esta es la ciencia que finalmente nos permite conectarnos con esa intuición».

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