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La increíble avena silvestre que tiene la capacidad de «caminar» en búsqueda de suelo donde establecerse

Este rasgo evolutivo es una adaptación útil para la planta, ya que le permite sobrevivir y germinar en suelos adecuados, pero no para nosotros, que necesitamos cultivos con espigas que retengan y no pierdan las semillas. Y el mecanismo que lo hace posible es un proceso puramente físico, animado por los ciclos diarios húmedo-seco, y no por algún tipo de consciencia en la planta.

ChileBio / 6 de junio, 2023.- Ciertas especies de avena silvestre tienen un sistema especial de dispersión de semillas que hace parecer como si las semillas estuvieran caminando por el suelo en busca de un suelo adecuado para echar raíces y multiplicarse.

La avena moderna (Avena sativa) ha sido alterada drásticamente a través de la domesticación y selección genética durante milenios, lo cual la hace completamente dependiente de los humanos para su supervivencia. No solo necesita ser sembrada bajo en el suelo, sino que al crecer, las semillas permanecen adheridas a la panícula para que sean más fáciles de cosechar y así minimizar las pérdidas de semillas. En cambio, la avena silvestre (Avena fatua o Avena sterilis), tiene un comportamiento totalmente distinto. Ha desarrollado características anatómicas altamente especializadas que en realidad ayudan a las espiguillas (que albergan las semillas) a moverse por el suelo en busca de un suelo de enraizamiento adecuado. Esta increíble habilidad evolutiva le ha valido a estas de plantas varios apodos, incluidos «Avena animada» o «Avena animal» (al traducir sus apodos del inglés).

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Una vez que las espiguillas de avena caen al suelo, dos largas aristas retorcidas con una curva fija de 90 grados en el punto medio comienzan a girar, lo que hace que parezca que la estructura se mueve conscientemente. Es solo una ilusión, ya que el movimiento es un proceso puramente físico animado únicamente por los ciclos diarios húmedo-seco, y no por algún tipo de consciencia en la planta.

En este video (alojado en un canal informativo no oficial de investigadores del John Innes Centre) se menciona que al atardecer, cuando se pone el sol, la humedad del aire se condensa en las superficies de las espiguillas. La parte de las aristas largas y dobladas más cercanas a las semillas está hecha de tejido retorcido, y un lado absorbe la humedad y se hincha, mientras que el otro permanece seco. Esto hace que las aristas se desenrollen y empujen contra cualquier superficie en la que se apoyen, en una acción tan fuerte que en realidad hace que la espiguilla se mueva.

Pero a pesar de que este «caminar» no es consciente (la espiguilla se moverá de la misma manera en las circunstancias climáticas adecuadas, incluso si la semilla en el interior está muerta), tiene un propósito muy específico. El movimiento constante facilitado por el ciclo húmedo-seco diario aumenta las posibilidades de que la espiguilla termine a la sombra de una piedra o en una grieta del suelo, en algún lugar con mayor humedad que pueda ayudar a la supervivencia de los embriones en germinación.

«Este rasgo evolutivo es una adaptación útil para la planta, pero no para nosotros. Es difícil recolectar semillas cuando se caen y se van», afirma el biólogo y naturalista David Attenborough en un reportaje para la BBC. «Así que nuestros antepasados seleccionaron plantas cuyas semillas no se caen, no tienen patas y no se entierran fuera de su alcance. También seleccionaron a aquellos individuos que pusieron su energía en desarrollar semillas mucho más grandes».

«Relaciones cercanas como esta se han desarrollado en todo el mundo, produciendo las plantas que ahora son nuestros cultivos» agrega Attenborough.


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