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Cultivos editados genéticamente «made in Chile»: manzanas, lechugas y cerezos

A través de un proyecto que dura 10 años, el INIA y la empresa Biofrutales están desarrollando el primer mejoramiento genético del país de cerezos para encontrar una nueva especie que se adapten a las condiciones climáticas de la zona. Imagen: INIA

El Director Ejecutivo de ChileBio plantea que la normativa clara y el liderazgo en alimentos del país favorecen que las empresas de biotecnología chilenas, así como universidades y centros de investigación públicos, desarrollen esta técnica.

Hace unos tres años que en el mundo se empezó a hablar de edición de genes, una técnica que implica apagar un gen o modificar una de las cuatro letras de un gen de un organismo, para lograr un efecto buscado, principalmente en agricultura y alimentos. Dos sectores donde Chile tiene un liderazgo natural, y por lo mismo, terreno fértil para el desarrollo de una industria en torno a la edición de genes.

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Así lo plantea Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, asociación gremial que agrupa a las multinacionales Bayer, Syngenta Basf y Conterva, quien señala que el país tiene una oportunidad única para impulsar la innovación biotecnológica en edición de genes, no sólo a nivel de universidades y centros de investigación, sino también en empresas de biotecnología.

“Hay espacio para que biotecnológicas realicen edición de genes. Es una industria con menos barreras de entrada en cuanto a regulación y costos bajos para la investigación y desarrollo. Además, Chile es uno de los principales productores y exportadores de fruta, vino y semillas, y un laboratorio natural para crear nuevas especies de plantas”, afirma.

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Señala también, que la edición de genes permite adaptar cultivos al cambio climático, “puede contribuir a la generación de soluciones, desde Chile, que busca posicionarse como una potencia alimentaria”, dice.

En el mundo hay sólo dos investigaciones en el mercado: la firma Calyx logró apagar un gen en la soya favoreciendo el ácido graso omega 9, y Sibus, editó una letra de la planta de la Canola para que tolerara la presencia de un herbicida. Y a nivel local, la Universidad de Chile está trabajando en retardar la oxidación de manzanas, y la Pontificia Universidad Católica está aplicando la edición de genes para retardar la oxidación en lechugas. Además, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) está editando genes de los cerezos para evitar que dependan del frío, y de esta forma tener un mejor control del proceso de florecimiento.

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Sánchez explica que al tratarse de una técnica nueva, muchos la confunden con los transgénicos. “En la edición de genes apagas un gen o modificas sólo una letra, que es algo que se da en la naturaleza. En cambio, en los transgénicos agregas un gen que proviene de otro organismo para lograr una determinada característica”, dice.

En 2018 Chile aprobó un marco normativo para la aplicación de esta técnica, sumándose a países como Canadá, Estados Unidos, Brasil, Colombia, Argentina, Israel y Australia, que también cuentan con regulaciones.

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