Mejoramiento Genético

Con herramientas genéticas, científicos chilenos logran que duraznos y nectarines duren hasta 50 días

Un laboratorio especializado de la Universidad de Chile trabaja para extender el ciclo de vida de las frutas post cosecha. “Así la fruta chilena puede competir en el mundo”, explica su director.

¿Cuánto dura el viaje de la fruta chilena a China? El traslado en barco puede ser de un mes, aunque el proceso completo (cosecha, embalaje, estiba, desestiba, etc) llega a los 45 días. El gigante asiático, un mercado de exportación tan lejano como exigente, representa un gran desafío para la industria frutícola chilena. En su extenso trayecto desde los puertos locales hasta el consumidor final en Asia, las frutas deben conservar sus condiciones de textura, color, sabor y jugosidad, entre otros aspectos.

Con el foco en ese objetivo, el equipo de trabajo de Rodrigo Infante, director del Laboratorio de Mejoramiento Genético y Calidad de la Fruta de la Universidad de Chile, realiza mejoras genéticas para extender hasta 50 días el ciclo de vida de los productos.

“Desarrollamos un programa para que las frutas se mantengan frescas y apetitosas luego de la cosecha. La idea es que puedan soportar largos períodos en las cámaras de frío y evitar que adquieran una textura harinosa o descolorida a las tres semanas”, explica Infante, consultado por Qué Pasa.


Rodrigo Infante, Director del Laboratorio de Mejoramiento Genético y Calidad de la Fruta de la Universidad de Chile.

El especialista añade que las mejoras genéticas permiten que la fruta chilena compita de igual a igual con otros países el mundo. En los últimos seis años, las variedades de duraznos y nectarines desarrolladas por el laboratorio de la Universidad de Chile han alcanzado alrededor de 350 hectáreas plantadas y cerca del 20 por ciento de las ventas de plantas a nivel nacional.

A las proyecciones de crecimiento hay que sumar la comercialización de nuevas variedades de ciruelas y kiwis y el trabajo que el equipo de investigadores está impulsando para mejorar la producción de damascos y nogales, de acuerdo a los informes de la Universidad de Chile.

En ese sentido, Estados Unidos, Europa, Asia y algunos países de Latinoamérica son los principales destinos de los nectarines y duraznos que han ganado terreno en el paladar de los consumidores internacionales.

“Es importante aclarar que nuestro trabajo de mejora genética no es transgénico. No usamos genes de otras especies. Elegimos combinaciones en cruzamientos y seleccionamos a los mejores individuos de la descendencia”, advierte Infante.

¿Qué aspectos se mejoran?

Existen factores fisiológicos como “el contenido de azúcar, acidez y textura (firme o crocante) que pueden alargar el tiempo de vida de la fruta post cosecha. Las frutas mejoradas genéticamente tienen más calidad sensorial, son más ricas, aportan más nutrientes y compuestos que favorecen a la salud, como es el caso de los antioxidantes”, destaca.

El director del laboratorio sostiene que las frutas mejoradas genéticamente “ya son exportadas, están validadas y les ha ido bien”, por lo cual hay buenas expectativas de crecimiento: se espera alcanzar las 1.000 hectáreas plantadas en los próximos años.

El sello distintivo del programa de la Universidad de Chile es el desarrollo de nuevas variedades con una larga vida de post cosecha. Esto lo diferencia del trabajo de laboratorios italianos, franceses y californianos que no han incorporado como eje este criterio, por no representar una necesidad relevante para el abastecimiento de sus mercados locales. El laboratorio del profesor Infante, de esta forma, se ha enfocado en uno de los mayores problemas de los productores locales que exportan al Hemisferio Norte.

“También estamos haciendo cruzamientos con germoplasma de especies que crecen en condiciones muy adversas, en zonas con alta salinidad, altas temperaturas y restricciones hídricas, también que sean resistentes a ciertas enfermedades. Esta última línea de investigación es particularmente importante en relación al nogal, que es afectado por hongos que existen en el suelo, y que cuando se presentan diezman los huertos”, indica el investigador.

Los buenos resultados en las distintas líneas de trabajo sobre mejora genética, aclara, es producto de un proceso lento, pero que ha sido valorado por el sector privado. “Las nuevas variedades vegetales que producimos tienen que ser evaluadas durante largos períodos de tiempo para analizar la consistencia de su productividad y calidad. Nosotros empezamos hace 20 años con duraznos y nectarines. Hoy el programa está maduro y generando nuevos productos con mayor regularidad”, concluye.

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