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Científico chileno desarrolla vacuna contra el virus Hanta usando levaduras transgénicas

En una empresa de Concepción, el Dr. Oliberto Sánchez utilizó levaduras genéticamente modificadas que producen dos proteínas del virus Hanta, las cuales se usan como base para la vacuna. Ya se realizó la solicitud de patente y ahora se efectúa el proceso de escalado productivo para avanzar hacia las etapas de ensayos preclínicos y clínicos.

El Centro de Biotecnología y Biomedicina (CBB) -empresa penquista fundada el año 2012 como un startup al alero de la Universidad de Concepción- se dedica al desarrollo de productos, procesos y servicios biotecnológicos de interés, tanto biomédico como veterinario.

Entre sus más recientes logros se encuentra el desarrollo de una vacuna de subunidades recombinantes contra el Síndrome Cardiopulmonar, causado por Hantavirus (SCPH).

El Dr. Oliberto Sánchez, socio fundador del CBB e investigador a cargo del desarrollo de esta vacuna, explica que para desarrollar esta nueva fórmula consideraron que en la superficie de todos los virus existen proteínas que facilitan la infección viral. En el caso de los hantavirus -señala-, se trata de las proteínas denominadas Gn y Gc. Estas son las únicas proteínas virales con capacidad para inducir la formación de anticuerpos neutralizantes, por lo que decidieron utilizarlas como antígenos.

“En términos generales, diseñamos genes que codifican para los ectodominios de Gn y Gc. Después insertamos estos genes en el genoma de una levadura. Esto es lo que se llama tecnología del ADN recombinante. Posteriormente, esta levadura, crecida bajo condiciones especiales, produce ambas proteínas del virus Hanta. Estos antígenos, una vez purificados, se usan como base para la preparación de la formulación vacunal”, manifiesta el investigador.

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Una vez que esta vacuna se administre a una persona, el sistema inmune detectaría los antígenos contenidos en la formulación, lo que desencadenaría una respuesta inmune activa que persistiría en el individuo durante toda la vida o durante muchos años.

Sánchez afirma que aún se debe estudiar su duración, pero dice que, una vez que la persona se vacune, no debería preocuparse nunca más por el virus hanta, teniendo la posibilidad de hacer ecoturismo, trabajar la tierra o hacer cualquier otra actividad al aire libre sin correr el riesgo de sufrir SCPH.

Dr. Oliberto Sanchez y Francisca Starck, investigadores Centro de Biotecnología y Biomedicina (CBB) SpA. Imagen: Innbio.cl

HACIA LOS ENSAYOS PRECLÍNICOS Y CLÍNICOS 

A la fecha, se ha vencido la etapa de prototipado y se ha establecido todo el proceso de producción y purificación de los antígenos recombinantes. También se ha demostrado que estos antígenos son capaces de inducir una potente respuesta inmune cuando se administran a ratones y hámsteres. Con esos resultados, se realizó la solicitud de patente al Instituto Nacional de Propiedad Industrial y actualmente el equipo del CBB se encuentra estableciendo el proceso de escalado productivo. El propósito es avanzar rápidamente hacia las etapas de ensayos preclínicos y clínicos que se requieren para obtener un registro comercial.

¿La vacuna se producirá en Chile o se transferirá a una farmacéutica extranjera? El investigador señala que esa definición es parte del análisis que deben realizar. De momento, barajan tres alternativas. La primera es transferir la vacuna a un tercero para que se ocupe de su producción y explotación comercial. La segunda es que el CBB se encargue de la producción en una instalación propia, alternativa que requiere de una inversión no menor, pues sería necesario construir una pequeña planta de producción de biológicos, cuyo costo se estima en unos $10.000 millones. Y la tercera y última consiste en que el CBB subcontrate los servicios de producción a una empresa extrajera y se ocupe después de la actividad comercial.

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En este sentido, cuenta que ya han iniciado conversaciones con su socio estratégico 3P Biopharmaceuticals, en España. Sin embargo, la definición final deberá realizarse en base a un profundo estudio de costo/riesgo/beneficio.

Otro de los temas que se tiene que estudiar es el costo. Sánchez dice que, si se considera que esta formulación se produce usando tecnologías similares a las utilizadas para fabricar las vacunas contra hepatitis B, sería razonable pensar que el precio para el usuario final debería oscilar entre los $25.000 y $35.000 por dosis, considerando que la administración tendría que ser de tres dosis.

“En este análisis también se deben considerar escenarios en los cuales el Estado podría subsidiar la administración de la vacuna, tal y como lo hace con las incluidas en el Plan Nacional de Inmunizaciones. Si esto ocurre, la vacuna tendría un costo cero para el usuario final”, agrega.

Gracias al apoyo de Corfo y de la Universidad de Concepción, el CBB ha vencido las etapas de más alto riesgo científico. Sin embargo, Sánchez señala que en este tipo de desarrollos, en la medida de que se reducen los riesgo biológicos, se incrementan proporcionalmente los costos.

“Estamos hablando de los costos asociados al escalado productivo, a la realización de los ensayos preclínicos y clínicos, y a la implementación de una plataforma de producción y comercialización. Para llevar a cabo estas etapas, continuaremos invirtiendo recursos propios y esperamos continuar contando con el apoyo de Corfo. Obviamente estamos abiertos a establecer alianzas con socios inversionistas”, concluye.

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