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Argentinos desarrollan tecnología que permitiría aumentar rendimiento agrícola bajo condiciones adversas

Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (CONICET-UNR), Foto: CONICET Fotografía | Verónica Tello.

Investigadores argentinos del CONICET lograron desarrollar una variante genética en la planta modelo arabidopsis thaliana, la cual permite controlar el crecimiento de las plantas (produciendo órganos de mayor tamaño). El grupo demostró que estos efectos no solo se dan en las óptimas condiciones de cultivo del laboratorio, sino que también ocurren cuando se enfrentan las plantas a condiciones adversas de cultivo como la sequía o bajo el ataque de patógenos.

El rendimiento de los cultivos es un rasgo altamente complejo influenciado por múltiples factores externos e internos. Entre ellos, la arquitectura de las plantas y el crecimiento de sus órganos, tales como los tallos, hojas y semillas, son determinantes.

[Véase: Argentina avanza en el desarrollo de trigo transgénico tolerante a sequía]

Utilizando la planta modelo Arabidopsis thaliana, un grupo de investigadores del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, CONICET-UNR), desarrollaron una modificación genética que permite controlar el crecimiento de estas plantas con el objetivo de aumentar el rendimiento de los cultivos. El trabajo, dirigido por Ramiro Rodríguez, investigador independiente y Javier Palatnik, investigador principal del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina), ambos del IBR, fue publicado en la revista Scientific Reports, del grupo Nature.

Específicamente, diseñaron una manera de inactivar la función de una pequeña molécula de ácido ribonucleico, el microARN -miR396- que funciona como represor del crecimiento de todos los órganos, por lo tanto, su inactivación permite obtener plantas con órganos de mayor tamaño.

[Véase: Argentina lanzaría su nueva soya transgénica tolerante a sequía en 2019]

Los investigadores fueron aún más allá, demostraron que genes similares de arroz y soja funcionan de igual manera. Además, en la misma publicación en este cuyos primeros autores fueron Matías Beltramino, -becario doctoral-, Juan Manuel Debernardi y Florencia Ercoli del IBR, determinaron que las mismas modificaciones genéticas también producen efectos beneficiosos en Brassica oleracea, un pariente cercano de la canola, una de las oleaginosas más utilizadas en el mundo para la producción de forraje, aceites para consumo y biodiesel.

[Véase: Argentina autorizó su primera papa transgénica: es resistente a un problemático virus | Argentina aprueba comercialmente una alfalfa genéticamente modificada]

Finalmente, el grupo demostró que estos efectos no solo se dan en las óptimas condiciones de cultivo del laboratorio, sino que también ocurren cuando se enfrentan las plantas a condiciones adversas de cultivo como la sequía o bajo el ataque de patógenos. “Existen reportes que indican que modificaciones genéticas similares aumentan el tamaño de los frutos carnosos como los del tomate y mejoran incluso la eficiencia en el uso de nitrógeno, reduciendo la necesidad de fertilizaciones”, aseguran los científicos.

Participaron además de este proyecto Arantxa Rojas y Camila Goldy, también del IBR. Parte de los estudios se realizaron en colaboración con investigadores del CIQUIBIC (CONICET-UNC) y del VIB-UGent Center for Plant Systems Biology (Bélgica).

[Véase: Argentina autoriza nuevos transgénicos desarrollados localmente: soja resistente a la sequía y papa resistente a virus]

Los resultados de este trabajo han sido ya patentados, siendo el CONICET y la UNR los titulares de la propiedad intelectual. Para acceder a los detalles haga click aquí.

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