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Grupos activistas cuestionan la ciencia de las evaluaciones de seguridad buscando argumentos políticos

En una columna publicada por Nature, el Director Ejecutivo de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), Bernhard Url, ha analizado las claves de la erosión de la confianza en las agencias reguladoras por parte del ciudadano. Una erosión promovida en ocasiones por determinados grupos activistas que cuestionan la ciencia de estas evaluaciones buscando argumentos políticos. En su reflexión recuerda que “el trabajo de la EFSA es evaluar qué podría hacer que los alimentos sean inseguros”, una actividad que resulta complicada cuando la agencia está en el centro de un debate público que sobrepasa la ciencia.

Reconoce que esta situación se sufrió con los edulcorantes artificiales, con los organismos modificados genéticamente y ahora con el glifosato. “Cuando las preguntas sobre los valores de una sociedad se dirigen a las agencias científicas en lugar de los funcionarios electos, la ciencia sufre”, resalta Bernhard, quien explica detalladamente en el texto de dónde ha surgido el debate sobre la seguridad del glifosato. Esto les llevó a ser acusados de influencia indebida de la industria, cuando la acusación provenía de “activistas que no están dispuestos a aceptar ninguna evidencia científica y pregonan estudios débiles que muestran lo contrario”.

“Los mismos grupos activistas aplaudieron a la EFSA por sus revisiones sobre otros plaguicidas como los neonicotinoides, que consideramos peligrosos”, recuerda Bernhard, pero ahí no surgieron críticas porque lo que dijo la ciencia coincidía con lo que querían los activistas. Se está cuestionando la ciencia para conseguir argumentos políticos, ideologías que deben existir pero que pertenecen al plano político, no al científico.

“El papel de los políticos es representar los valores, las necesidades y las expectativas de sus electores a través de procesos democráticos. Pero esto está fuera de la responsabilidad de organizaciones como la EFSA, que se crearon para asesorar a los responsables políticos de la UE en asuntos científicos”, resalta. En el siguiente enlace podéis leer el texto completo, en el que se analiza detalladamente el debate político (que no científico) sufrido en torno al glifosato.

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