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El trigo transgénico apto para celíacos sigue su curso: Fase ensayo clínico

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Hace un tiempo, Proceedings of the National Academy of Sciences, publicaba un avance que podría revolucionar la alimentación (y el bolsillo) de las familias con algún miembro intolerante al gluten. La  importancia y la posibilidad de que finalmente se pudiera adquirir un producto derivado de un trigo modificado, hizo que muchos medios de comunicación se hicieran eco de la noticia. Los investigadores anunciaron que habían conseguido variedades capaces de producir “una reacción hasta un 95% menos tóxica que el trigo natural” en los celíacos, según sus estudios en laboratorio. Francisco Barro, líder de la investigación, llevaba desde 2004 investigando variedades modificadas de trigo sin gluten.

A pesar de los recortes y de la mala situación económica que atraviesa la ciencia en España, este trigo apto para celíacos, vio la luz en Andalucía, concretamente en el Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba, (IAS-CSIC).

La enfermedad celíaca (EC) es un intolerancia permanente al gluten del trigo, cebada, centeno y probablemente avena que se presenta en individuos genéticamente predispuestos, caracterizada por una reacción inflamatoria, de base inmune, en la mucosa del intestino delgado que dificulta la absorción de macro y micronutrientes. Las personas celíacas están obligadas a seguir un régimen estricto, exento de gluten durante toda la vida. Cuando los celíacos consumen gluten, las defensas de su organismo reaccionan y dañan las vellosidades de su intestino. Como resultado, se producen diarreas, vómitos y una pérdida de peso inexplicable hasta que se da con la causa. Y no siempre es así, ya que se estima, según la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) que hay aproximadamente un 75% de pacientes sin diagnosticar. Su única alternativa hoy es comer alimentos sin gluten, más caros. Según el informe de precios sobre productos sin gluten 2013, una familia con un celíaco en su seno tiene un gasto superior a 1.616,13 € en la cesta de la compra anual. En concreto, según un informe publicado por la Asociación de Celíacos de Madrid (ACM), un kilogramo de harina de trigo cuesta 0,4 euros, mientras que la misma cantidad de harina sin gluten (de maíz o arroz) se puede adquirir por 12,4 euros. Un kilogramo de pan de molde sin gluten, otro alimento considerado básico, le cuesta a un celiaco 17,3€. Asimismo, unas magdalenas sin gluten cuestan un 636,41% más que para un consumidor sin la intolerancia, y así sucesivamente con decenas de productos.

Para que un alimento sea considerado exento de gluten según la Comisión del Codex Alimentarius (creada por la Organización Mundial de la Salud), debe contener un máximo de 20 miligramos por cada kilo del producto (mg/kg). Esta cantidad incluye tanto la fracción de gluten tóxica como la inocua. Las harinas desarrolladas por el IAS, “contienen unos valores aproximados de entre 40 mg/kg y 50 mg/kg, aunque esta cantidad disminuye en el producto alimenticio final”, según Barro. Sólo una minoría de los enfermos celíacos lo son de forma estricta, lo que significa que no pueden ingerir más de 10 mg/kg de gluten. La gran mayoría de los afectados “puede consumir hasta 100 mg/kg, por lo que estas harinas podrían ser consumidas por ellos”.

Si estáis pensando que este trigo es transgénico, no es así. Es un trigo modificado genéticamente (la modificación genética no necesariamente lleva implícita que sea transgénico, al revés, sí) en el que la biotecnología ha obrado silenciando genes (haciendo que no den su producto) cuyas proteínas -las gliadinas- son las responsables de la toxicidad al gluten de ciertas personas. En las últimas décadas se ha intentado hacer esto mismo mediante cruzamiento de plantas, lo que se considera selección natural artificial y cuenta con más simpatía que la modificación genética. Sin embargo, no ha habido éxito porque el número de genes implicados es tan grande que no hay forma de silenciarlos simultáneamente. Sería como poner una fila de 100 velas y que una misma persona tratara de apagarlas todas a la vez.

El resultado es un trigo con menor número de estas proteínas, pero sus propiedades nutritivas (y también su textura, aroma y sabor) son similares a las del trigo común. El trigo modificado compensa el déficit de gliadinas aumentando su contenido en otras proteínas presentes en el grano, no relacionadas con la intolerancia al gluten y, ricas en lisina, una aminoácido esencial que al no formarlo, debemos incluirlo en la alimentación.

En Mayo de 2013, Barro solicitó a la Comisión Nacional de Bioseguridad un permiso para cultivar por primera vez este trigo al aire libre. Su objetivo era cosechar media tonelada de grano para elaborar galletas que servirían para llevar a cabo un ensayo clínico con celíacos. El pasado mes de junio se recolectó la cosecha y se obtuvo cerca de una tonelada de trigo, ¡el doble de lo que esperaban!

Ese ensayo clínico ha llegado, algo más de un año después.

El Hospital Virgen de las Nieves de Granada va a ser testigo del ensayo clínico del primer pan de trigo sin gluten. Comenzará seguramente a principios de 2015 y se llevará a cabo con un grupo de 40-90 celíacos, repartidos entre el Hospital Reina Sofía de Córdoba y el Virgen de las Nieves de Granada. Además, en Granada también va a colaborar la unidad de Nutrición de hospital, el Instituto Universitario de Nutrición y Tecnología de los Alimentos José Mataix y la Asociación de Celíacos.

Según Francisco Barro, habrá una primera «prueba de provocación» de tres días de duración, en la que se administrará a los voluntarios porciones de pan elaborado con el trigo creado por el IAS y se les realizarán distintos controles. Después se realizará un test más largo, de tres meses, en el que probablemente los pacientes podrán consumir el pan en sus propias casas. Al final, los pacientes serán sometidos a una biopsia para certificar que el consumo de este nuevo pan no ha producido ninguna alteración intestinal.

¿Y qué pasará con este trigo en un futuro si todo va bien?

Pues, recordemos, que la UE en un alarde de coherencia ¿¿??, solo deja cultivar dos variedades transgénicas (patata Amflora y maíz MON810) pero permite la importación de 45 cultivos modificados genéticamente para alimentación humana o animal. Más de la mitad son variedades de maíz y otros son soja, colza, o remolacha. Este caso no será distinto. De hecho, hay empresas americanas que se interesaron en su momento por explotar la patente y si todo va bien según lo previsto, nos veremos en un futuro importando la harina o los productos derivados, que hicimos nosotros. Y bastante más caro.

El problema es que llegue importado y, además, clasificado como medicamento y no como alimento. En ese sentido, Francisco Barro lamenta las dificultades que la Unión Europea impone a los productos transgénicos en virtud de argumentos «irracionales». «Son incluso más seguros, porque están sometidos a más controles».

Fuente: La ciencia de Amara (http://lacienciadeamara.blogspot.com/2014/09/el-trigo-apto-para-celiacos-sigue-su.html)

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