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Argentina desarrolla cultivos transgénicos tolerantes a sequía y salinidad que incrementan sus rendimientos.

El Ministerio de Ciencia y Tecnología de Argentina presentó la semana pasada nuevas semillas transgénicas de trigo, soja y maíz, modificadas con un gen de girasol -creadas en un instituto rosarino de la Universidad del Litoral y el CONICET-, que permiten incrementar significativamente rendimientos en condiciones de sequía y salinidad, y que generará el ingreso de importantes sumas al país en concepto de regalías.

“Es seguro que incrementa el rendimiento entre el 15 y el 30%, aunque también hay ensayos de campo en los que incrementó rendimientos al 100%, sobre todo en maíz y trigo, pero queremos repetir durante varias campañas” el estudio, dijo hoy la bióloga molecular Raquel Chan, quien lidera el equipo del Instituto de Agrobiotecnología de Rosario.

El logro distintivo de la técnica -con la que los investigadores separan un gen del girasol y lo introducen en la semilla de trigo, soja o maíz- es que el cultivo “en condición de sequía y salinidad tiene mayor rendimiento que la planta común, pero no hay penalidad cuando las condiciones se normalizan, y también incrementa la productividad”. Esta característica es relevante porque si el cultivo adaptado al estrés hídrico llegara a bajar el rendimiento cuando llueve, como ocurre con otros adaptados a la sequía, “el productor no va a querer correr el riesgo” de bajar la productividad.

A través de una alianza público-privada, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad Nacional del Litoral licenciaron por 20 años la patente -que otorga la propiedad intelectual con derecho exclusivo- a la empresa inversora en agrotecnología Bioceres. Bioceres junto con la firma estadounidense Arcadia, constituyeron la empresa Verdeca para el desarrollo, la desregulación y comercialización internacional de eventos transgénicos de soja para la obtención de semillas. Las empresas participantes del acuerdo invertirán 20 millones de dólares para la estrategia regulatoria, que implica la habilitación comercial en Argentina, Estados Unidos, Brasil, India y China -mercados de producción de soja-, así como en la Unión Europea y Japón, para usos alimenticios.

Durante una entrevista de la que participó el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, y el jefe de Gabinete de la cartera, Alejandro Mentaberry, la biotecnóloga informó a la prensa sobre la técnica que permite a las semillas atravesar de manera más exitosa períodos de sequía y exceso de salinidad.

“Nosotros hicimos todo el desarrollo empezando por estudiar los genes que tenían que ver con la respuesta de las plantas al estrés medioambiental, en 1993”, contó Chan. La investigadora -egresada en la escuela pública, graduada como Química en la Universidad de Jerusalén, doctorada en Rosario con Rubén Vallejo y posdoctorada en Francia- dijo que “hubo muchísimas contribuciones de becarios, doctorandos e investigadores, en las que el resto del equipo se apoyó para avanzar”.

El recurso también permitiría integrar unos 9 millones de hectáreas de regiones semidesérticas, como la cuña que va desde San Luis hasta Bahía Blanca, sacando la presión sobre otras tierras cultivables o utilizables para ganado, con la inclusión de sembrados de alfalfa modificada, cuyo desarrollo está en marcha.

Barañao enfatizó que “es la primera vez que se encuentra un gen que aumenta la productividad en estas proporciones y, dado el volumen de estos tres cultivos, cualquier variación implica miles de millones de dólares de incremento en las exportaciones, además de regalías que equivaldrían a la totalidad del presupuesto del CONICET”.

El valor de las cosechas con estas modificaciones representaría un incremento de unos 10 mil millones de dólares, calculados en base a los promedios de superficies cosechadas, el rendimiento por hectárea y el precio por tonelada vigente, estimó el ministerio.

Fuente: Terra

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