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TRANSGÉNICOS: NO A LA DESINFORMACIÓN Y A LAS ANÉCDOTAS

Los cultivos y alimentos transgénicos generan preocupación en la ciudadanía por la desinformación e ignorancia que algunos grupos transmiten. Esto ha provocado que muchos desconfíen del tema, y que otros se envuelvan en sus creencias sin que nada ni nadie pueda sacarlos de sus posturas. Está bien, hay que ser escépticos, preguntar, exigir pruebas, exigir evidencias, no dar nada por sentado, pero cuando se reciben pruebas se debe aceptar la evidencia. Todos tienen derecho a tener su opinión, sin embargo no tienen derecho a tener sus opiniones sobre sus propios hechos, desconociendo la realidad.

Hoy existen 14 millones de agricultores, en 25 países, utilizando 134 millones de hectáreas con cultivos transgénicos, y existen en total 57 países con aprobaciones regulatorias para consumir alimentos transgénicos, donde se incluyen los países de la UE y Japón (ISAAA, 2010). La tendencia anual es el crecimiento entre 7-10%, al contrario de lo que algunos grupos dicen que los cultivos transgénicos van en retroceso. La creciente evidencia muestra que la biotecnología agrícola ha beneficiado a los agricultores, especialmente en los países en vías de desarrollo, mejorando los rendimientos de los cultivos y las ganancias económicas. Como ejemplo, 49 publicaciones científicas dan cuenta de 168 encuestas realizadas a cientos de agricultores alrededor del mundo, donde un 74% de estas indica un impacto positivo sobre los rendimientos y un 72% indica un impacto positivo de los cultivos transgénicos en los resultados económicos de los agricultores (Carpenter 2010). En relación a los costos de producción, en la mayoría de los casos revisados, el aumento de los costos de las semillas (incluyendo el pago de fee por el uso de la tecnología) se ven contrarrestados por las disminuciones en el uso y costos de agroquímicos y plaguicidas.

Sin embargo esto no importa, porque hay quienes creen en las anécdotas, creen en lo que ven y en lo que piensan que ven, en lo que los hace sentir reales. No creen en los documentos ni en los científicos ni en los gobiernos que nos dan información.

Esto ha llevado a que exista gente que con soltura y “propiedad” se pasea sermoneando mensajes de miedo y analfabetismo, generando desinformación e ignorancia.

Al día de hoy, no existe ninguna evidencia científica que indique que los cultivos y los alimentos transgénicos, actualmente en el mercado, no son inocuos para la salud humana, animal y ambiental. Existen publicaciones que hablan de productos transgénicos que producen alergias, pero no dicen que han sido productos experimentales, haciendo creer que todos los productos generan algún problema. A su vez, existen estudios reportando daños a insectos, aunque evaluando situaciones que no existen en la naturaleza (mariposa monarca no está en contacto ni se alimenta de maíz); y existen publicaciones indicando daños a órganos en animales, aunque éstas han sido desacreditadas por academias científicas de todo el mundo por malos diseños experimentales, mal uso de la estadística y mal interpretación de los resultados.

En relación a la batalla más absurda de todas, los alimentos transgénicos versus la elite de los orgánicos, podemos decir que es un debate sobre palabras y metáforas. Es ideología, pero no es ciencia. Cada cosa que comemos, cada grano de arroz, cada espiga de trigo, cada repollo, cada zanahoria, lechuga, etc. ha sido modificado por el hombre. En la antigüedad no había pomelos, ni maíces, los hemos hecho todos en los últimos 10.000 años, donde algunas cosas funcionaron y otras no, deshaciéndonos de los que no funcionaron. Ahora podemos hacerlo de forma más precisa. Siempre se escucha acerca de los transgénicos: muchos químicos, muchos pesticidas, hormonas, monocultivos, no queremos campos gigantes de la misma cosa, no queremos compañías patentando “la vida”, no queremos compañías que se adueñen de las semillas. Todo esto, a pesar de no tener sentido ni sustento (lo cual es tema para otro momento), no es ciencia y no tiene nada que ver con ciencia. Son leyes, moral, patentes, la ciencia no es una compañía, no es un país. No es siquiera una idea, es un proceso. Es un proceso que a veces funciona y a veces no. Pero la idea de que no deberíamos permitir que la ciencia haga su trabajo, porque tenemos miedo, es fatal y está evitando que millones de personas puedan prosperar.

Los cultivos transgénicos son algo que el mundo necesita ahora mismo y algunos pocos se están encargando de entorpecer el camino de la ciencia, el camino del progreso.

1) Carpenter JE, 2010. Nature Biotechnology 28(4):319-21.

2) ISAAA, 2010. International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications. www.isaaa.org

Miguel Angel Sánchez, PhD.

Director Ejecutivo

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