“La aplicación de la biotecnología para producir alimentos genéticamente modificados (GM) es diferente a los sistemas convencionales de producción de cultivos”.
Realidad
La biotecnología es una evolución de los métodos agrícolas tradicionales. Durante los últimos 10.000 años, la humanidad ha empleado rutinariamente su conocimiento sobre las plantas para mejorar la producción de alimentos. La biotecnología es el último desarrollo en la evolución de los métodos agrícolas. Los agricultores han empleado las prácticas de mejoramiento de plantas para agregar o eliminar características genéticas específicas en una planta con el fin de obtener mejores resultados para el beneficio de los consumidores. Aunque ha sido necesario esperar varias estaciones de cultivo para producir plantas que expresen el rasgo deseado, los agricultores han sido capaces de producir cultivos resistentes a la sequía, a las pestes de insectos o a las enfermedades, así como también con altos rendimientos en la producción.
En los últimos años, técnicas como la irradiación y la mutación de semillas han permitido generar cambios en la configuración genética de los organismos y seleccionar los rasgos deseables. De igual manera, mediante técnicas especializadas, los cruces entre especies distantes han sido practicados con éxito y seguridad en millares de variedades de cosechas sin la experimentación y el escrutinio que se vienen aplicando a los productos de la biotecnología.
Actualmente, la modificación genética es la ruta más eficiente y precisa para lograr los beneficios del mejoramiento de cultivos. Al utilizar las técnicas biotecnológicas, los científicos son capaces de identificar genes específicos, responsables de un rasgo en particular, extraerlos y transferirlos a una planta objetivo.
La biotecnología es –con respecto a las técnicas tradicionales– una herramienta más segura y eficiente para el mejoramiento de especies al eliminar gran parte del azar presente en el mejoramiento tradicional.
“Los alimentos producidos a través de la biotecnología son nuevos”.
Realidad
Los alimentos producidos al emplear técnicas de biotecnología moderna han estado disponibles a partir de 1990. Sin embargo, esta tecnología se encuentra relacionada con los procesos que panaderos, cerveceros, vinicultores y productores de quesos han utilizado durante siglos al aplicar la biología para modificar los genes de los organismos involucrados en los procesos mencionados.
“Los alimentos producidos con biotecnología no han sido declarados seguros y no están regulados de manera adecuada”.
Realidad
No existe evidencia de que los alimentos producidos a partir de cultivos modificados genéticamente sean menos seguros o más que los tradicionales. Sin embargo, los alimentos modificados genéticamente son sometidos a una serie de rigurosos análisis y estudios que determinan su seguridad y que son la base para permitir su comercialización. Esta situación contrasta con lo que sucede con los alimentos producidos tradicionalmente, incluidos los producidos por radiación y mutación, los cuales no necesitan someterse a experimentos de esta manera.
La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han establecido procedimientos para determinar la seguridad de los productos biotecnológicos, los cuales son tenidos en cuenta por los diferentes sistemas regulatorios alrededor del mundo.
Países como Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia, Argentina, Corea y Rusia, entre otros, tienen un sistema regulatorio que les permite determinar la seguridad de los productos elaborados con técnicas de biotecnología. En Chile se cuenta con satisfactorios procedimientos de bioseguridad para la introducción y almacenamiento de material, como a su vez para la multiplicación de semillas GM.
“La biotecnología no puede aliviar el hambre en el mundo”.
Realidad
En los próximos 40 años se estima que la población global será duplicada, alcanzando la cifra de 8.000 millones de habitantes para el 2050. Con una población en crecimiento, una mayor demanda de alimentos de calidad y con la necesidad de mejoras nutricionales se requerirá un aumento de 250 por ciento del actual suministro mundial de alimentos. Sin embargo, la cantidad de tierra actualmente comprometida para la producción de alimentos no podrá producir los volúmenes de alimentos necesarios y, aunque las áreas de bosques pueden ser empleadas para obtener la cantidad de hectáreas necesarias, una mejor alternativa sería aumentar los rendimientos de los cultivos en las áreas actualmente empleadas para la agricultura.
La biotecnología puede incrementar la cantidad de las cosechas al atacar los diferentes factores que tradicionalmente afectan a los cultivos, entre ellos, las pestes, malezas y sequías, entre otros factores e incidiendo directamente sobre la calidad de los productos.
Los cultivos modificados genéticamente no son la panacea que va a alimentar al mundo, pero representan una gran ayuda dado que son parte integral de una continua búsqueda de mejoras genéticas en los cultivos. Entre los beneficios que la biotecnología puede generar se encuentra la posibilidad de cultivar alimentos en ambientes extremos o en aquellos que no pueden sostener una mayor carga de producción.
La biotecnología puede y debe jugar un rol importante en el desarrollo de nuevos productos agrícolas –pero otros factores, incluyendo las tecnologías tradicionales de reproducción y el mejoramiento de las infraestructuras agrícolas y ganaderas y la distribución adecuada de los alimentos– no son menos importantes.
“La aplicación de la biotecnología sólo beneficia a agricultores y no a los consumidores”.
Realidad
La biotecnología ofrece una amplia variedad de herramientas y productos que ayudan a los agricultores a incrementar la productividad y mejorar sus ingresos. Sin embargo, muchos de estos beneficios también representan ventajas a los consumidores.
Los productos obtenidos mediante procesos biotecnológicos proveen y proveerán una calidad alimenticia mejorada. Algunos de los alimentos mejorados por la biotecnología pueden ayudar a prevenir problemas cardíacos y algunos tipos de cáncer gracias al mayor suministro de vitaminas en los alimentos básicos. Hasta ahora, se han logrado grandes avances en el desarrollo del arroz dorado (golden rice) el cual podría contribuir a las carencias de vitamina A y hierro, asociadas a la ceguera en los niños y niñas, y anemia en las mujeres embarazadas de las naciones en vías de desarrollo.
La biotecnología podrá mejorar la nutrición en otros sentidos como, por ejemplo, mediante la producción de variedades de soya, arroz o maní hipoalergénicos. Así mismo, los consumidores se beneficiarán de la biotecnología a través de las herramientas de diagnóstico que permiten asegurar que los alimentos estén libres de enfermedades, pesticidas o residuos de drogas, y del desarrollo de cultivos que puedan suministrar vacunas. Un ejemplo puede ser la vacuna contra la hepatitis B y otras enfermedades mortales como el cólera.
Los alimentos transgénicos crean resistencia a los antibióticos”.
Realidad
En la producción de algunas plantas transgénicas se han utilizado genes que confieren resistencia a antibióticos –como la kanamicina– para seleccionar las células vegetales y las plantas que han incorporado el transgén. El posible uso de estas plantas resistentes a antibióticos en la alimentación ha planteado dudas sobre si el gen de resistencia puede ser transferido a las poblaciones de bacterias que conviven con los seres humanos en el sistema digestivo. No obstante, la probabilidad de que esto ocurra es infinitamente pequeña debido a que es necesario que tengan lugar en el estómago e intestino, una serie de sucesos altamente improbables, como por ejemplo, que el gen de resistencia no se degrade junto con el resto de la comida consumida y para que se incorpore en una bacteria que lo pueda expresar correctamente.
De todas formas, conviene saber que los genes de resistencia a antibióticos están ampliamente distribuidos en la naturaleza y así, por ejemplo, se ha calculado que un individuo sano en un ambiente sano ingiere diariamente 1.200.000 bacterias silvestres resistentes a kanamicina. Por ello, sería mucho más probable que los genes de resistencia de estas bacterias silvestres pasaran a las bacterias del sistema digestivo humano o a otras del medio ambiente a que lo hagan los genes de la planta transgénica.
Por otro lado, la FDA (Food and Drugs Administration) de Estados Unidos, ha determinado que no hay evidencia de un incremento en el riesgo de resistencia a antibióticos en humanos, producto de los alimentos que se encuentran actualmente en el comercio y que han sido desarrollados utilizando la biotecnología. A pesar de ello es importante aclarar que los genes de resistencia a antibióticos empleados para estos propósitos son los correspondientes a los antibióticos que no se utilizan actualmente en tratamientos médicos humanos o veterinarios o los relacionados con ellos.
Aunque, como se ha indicado, no existe ningún motivo fundado para sospechar que el uso de genes de resistencia a antibióticos en las plantas transgénicas sea un riesgo sanitario, en la actualidad existen múltiples métodos de selección alternativos que están relegando el uso de los genes de resistencia a antibióticos.
“Los alimentos transgénicos causan alergias”.
Realidad
Los alimentos transgénicos no deben causar más alergia que la que puede producir la planta original de la que procede. La introducción de un nuevo gen o genes en una planta, mediante hibridación o mediante ingeniería genética, no supone necesariamente que la nueva planta tenga que producir alergia. De hecho, una planta transgénica generada mediante ingeniería genética tiene menos posibilidades de producir alergia que una nueva planta producida por métodos convencionales de hibridación. Esto se debe a que el número de proteínas nuevas producidas como consecuencia de esta modificación genética es mucho menor; de hecho en algunos casos se introduce una sola proteína.
Si el consumidor no es alérgico a los productos derivados de una planta no transgénica es altamente improbable que sea alérgico a los productos o derivados de la misma planta, pero que ha sido modificada genéticamente. Por otro lado, hay que insistir en que la modificación genética implica la adición o modificación de un reducido número de genes que están perfectamente identificados y caracterizados y sus efectos alergénicos pueden ser evaluados y pre-establecidos por los comités nacionales de bioseguridad. Hay más garantías en el consumo de una nueva planta transgénica que en el uso de cualquier otra planta nueva no transgénica que se pueda consumir por primera vez.
“No se conocen los efectos a largo plazo de los alimentos producidos mediante biotecnología”.
Realidad
Durante años de investigación se han reconocido los enormes beneficios que la biotecnología ofrece, sin que se haya identificado ningún riesgo adicional. El consenso científico señala que los riesgos de los productos alimenticios biotecnológicos son fundamentalmente los mismos que los de los convencionales, o incluso menores. Actualmente, la ciencia demuestra que los productos obtenidos al emplear la biotecnología son seguros tanto para el consumo como para el ambiente. Por esta razón, las agencias regulatorias han determinado que estos alimentos pueden ser incluidos dentro de la dieta alimenticia. A pesar de esto, y teniendo en cuenta que “no hay riesgo cero para ningún alimento”, los alimentos biotecnológicos deben cumplir con unos estándares de bioseguridad establecidos por los gobiernos relacionados con toxicidad, alergenicidad y contenido nutricional, entre otros, que garantizan su seguridad. Años de investigación y de ausencia de evidencias de daño indican que los beneficios de la biotecnología agrícola compensan los posibles riesgos.
“Los cultivos producidos mediante biotecnología afectarán el ambiente”.
Realidad
La gran mayoría de los riesgos para el ambiente atribuidos al uso de los cultivos biotecnológicos están presentes en el uso de los cultivos convencionales. Más aún, muchas veces son situaciones que ocurren en forma natural entre los seres vivos, como es el caso de la transferencia de genes, y es precisamente a partir de estos hechos naturales y al avance en el conocimiento científico de donde han surgido las técnicas o herramientas empleadas en los procesos de mejoramiento.
La biotecnología es un elemento clave para el desarrollo de la agricultura sustentable. Los beneficios incluyen reducción del uso de pesticidas, conservación de suelo y agua, y mayor seguridad para trabajadores y el ecosistema.
Muchos cultivos –incluyendo tomates, maíz y algodón– ahora tienen la capacidad propia de repeler insectos; consecuentemente son requeridas pocas aplicaciones de pesticidas. Entre tanto, un tipo de maíz empleado para alimentar cerdos reducirá el ácido fítico en los desechos animales que causan el crecimiento de algas en las fuentes de agua; y, finalmente, mejores rendimientos de los cultivos biotecnológicos reducirán la presión sobre las áreas forestales, entre otros beneficios.
“La producción de cultivos transgénicos genera nuevas plagas resistentes a los métodos de control de pestes y malezas”.
Realidad
Ningún estudio científico ha sugerido que este tipo de escenario pueda ocurrir como resultado del cultivo de plantas transgénicas. Sin embargo, muchos sistemas han sido implementados como medidas de precaución para ayudar a prevenir estos sucesos, incluyendo rotación de cultivos, rotación de híbridos y manejo integrado de pestes.
De esta forma, el uso de plantas transgénicas no supone, en sí mismo, ningún riesgo de generación de nuevos patógenos o plagas. El uso de plantas resistentes a patógenos o a plagas (sean transgénicas o no), así como el uso de cualquier producto fitosanitario (insecticidas químicos o productos naturales, antibióticos, y fungicidas, entre otros) puede favorecer la selección de variantes patogénicas o de plagas que sean capaces de superar la barrera de resistencia o el efecto del tratamiento. De este modo, la resistencia introducida en la planta puede volverse ineficaz al cabo del tiempo. Por otro parte, la aparición de nuevos patógenos o plagas más resistentes no implica necesariamente que estos nuevos organismos sean más peligrosos que los anteriores; la diferencia estará en el deber de utilizar diferentes métodos o plantas con nuevas resistencias para combatirlos.
Los ingenieros agrónomos que desarrollan nuevas variedades y tratamientos saben que las resistencias y las medidas fitosanitarias, independientemente de si proceden de una planta transgénica o no, no son de uso indefinido. Constantemente se están investigando nuevas fuentes de resistencia y desarrollando nuevos métodos y tratamientos que permitan reducir al mínimo la generación de resistencia por parte de los organismos patógenos y plagas y los cruces entre los cultivares comerciales y las especies silvestres.
“El maíz transgénico mata a las mariposas monarca”.
Realidad
Esta afirmación hace referencia al estudio publicado en la revista Nature en mayo de 1999 por investigadores de la Universidad de Cornell. Se espolvoreó polen de maíz Bt N4640 (Bt 176) en hojas de algodoncillo (Asclepias curassavica). Se ofrecieron las hojas a orugas monarca (Danaus plexippus) para que las comieran. Como control, otras orugas fueron alimentadas con hojas espolvoreadas con el polen de maíz tradicional o con hojas sin polen. Las orugas que comieron las hojas espolvoreadas con polen Bt comieron menos y crecieron con más lentitud. En el transcurso de cuatro días, murió el 44% de las orugas alimentadas con hojas con polen Bt, mientras que no murió ninguna oruga en los otros dos grupos. Se realizaron cinco repeticiones de cada uno de los tratamientos.
En vista de los resultados de este trabajo, y de otras seis investigaciones adicionales publicadas en Proceedings of the National Academy of Sciences durante el año 2001, es que actualmente el maíz Bt 176 ha sido reemplazado paulatinamente por las variedades de maíz MON810 y Bt 11, las cuales son efectivas produciendo muy poca cantidad de proteína tóxica Bt en el polen. Las larvas monarca pueden comer grandes cantidades de este polen, más de 1.600 granos de polen por centímetro cuadrado de superficie foliar, sin que se observen efectos nocivos. El maíz Bt 176 es más tóxico para las larvas de la mariposa que otras versiones del maíz Bt porque el promotor usado en Bt 176 estimula de manera muy eficiente la producción de la proteína Bt en el polen de maíz.
Otros aspectos a considerar para indicar que las larvas monarca no se ven realmente afectadas por el maíz transgénico son:
“La biotecnología es responsable de los problemas de salud de los ratones de laboratorio, alimentados con papas transgénicas”.
Realidad
Durante un programa de televisión en 1998, el Doctor Arpad Pusztai, del Rower Research Institute, en Aberdeen (Escocia), sugirió que después de alimentar cinco ratas durante un período de 110 días con papas modificadas genéticamente, algunas mostraban crecimiento retardado y un sistema inmune debilitado. Las papas producto de la biotecnología, las cuales no habían sido aprobadas, contenían lectinas, una glicoproteína tóxica para algunos insectos.
Posterior a la publicación de estos resultados, el experimento del Doctor Pusztai fue revisado por seis expertos designados por la Royal Society, del Reino Unido. Estos expertos concluyeron que el trabajo publicado presentaba problemas relacionados con el diseño, ejecución y análisis y que era imposible bajo tales circunstancias generar las conclusiones que sugería el estudio. La Royal Society no encontró evidencia convincente de los efectos adversos de las papas GM y concluyó que los resultados no justificaban llegar a conclusiones generales con relación a si los alimentos GM eran peligrosos para los humanos o no.
“Las razones por las cuales algunos países han puesto prohibiciones a los cultivos y alimentos transgénicos es porque ellos no son seguros para la salud y el ambiente”.
Realidad
Existe un amplio acuerdo entre los científicos sobre la seguridad de los cultivos y alimentos transgénicos. Más de 3.450 renombrados científicos a nivel mundial, incluyendo 25 premios Nobel, han firmado una declaración en apoyo a la Biotecnología Agrícola (http://www.agbioworld.org) indicando su seguridad para humanos, animales y el medio ambiente. Los países que rechazan los cultivos y alimentos GM lo hacen por razones políticas, culturales y socioeconómicas, las cuales no están basadas en evidencia científica relacionada a la seguridad de la Biotecnología Agrícola.
“Los alimentos y cultivos transgénicos son rechazados por los consumidores”.
Realidad
Los cultivos GM y los productos derivados de estos son aceptados virtualmente en todo el mundo. De acuerdo al servicio internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotecnológicas (ISAAA: International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications), en el 2009 14 millones de agricultores plantaron 134 millones de ha en 25 países, representando un 7% más que las 125 millones de ha cultivadas el 2008 por 13,3 millones de agricultores. En el año 1996, cuando fue comercializado el primer cultivo GM, 2,8 millones de hectáreas fueron cultivadas a nivel mundial. Según el ISAAA, durante el 2009 los cultivos transgénicos de soya, maíz, algodón y canola representaron el 77, 26, 49 y 21% respectivamente de la producción mundial de cada uno de esos cultivos. En EEUU el 73% del maíz y el 91% de la soya comercializada son de origen transgénico.
Los principales 8 países creciendo cultivos GM en el 2009 fueron EEUU (64 millones ha), Brasil (21,4 millones ha), Argentina (21,3 millones ha), India (8,4 millones ha), Canadá (8,2 millones ha), China (3,7 millones ha), Paraguay (2,2 millones ha), y Sudáfrica (2,1 millones ha). Los otros países son: Uruguay, Bolivia, Filipinas, Australia, Burkina Faso, España, México, Chile, Colombia, Honduras, República Checa, Portugal, Rumania, Polonia, Costa Rica, Egipto y Eslovaquia.
Si los alimentos y cultivos transgénicos fuesen rechazados por los consumidores, no se justificarían los niveles de producción que actualmente se llevan a cabo en todo el mundo.
“La iglesia católica no está de acuerdo con el uso de cultivos y alimentos transgénicos”.
Realidad
En el año 2009, la Pontificia Academia de Ciencias organizó en su sede, en la Ciudad del Vaticano, una semana de estudio cuyo principal tema fue “Plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo”. Los 41 expertos provenientes de 17 países concluyeron de forma unánime que la utilización de organismos genéticamente modificados es segura, y beneficiosa para la humanidad. El Vaticano, en versiones no oficiales dadas por algunos arzobispos, ha dicho que los alimentos y cultivos transgénicos son seguros para la salud humana y para el medio ambiente, recalcando que a la luz de más de una década de experiencia en la siembra de cultivos transgénicos, muchos campos de ensayo adicionales, y muchos informes de investigación publicados, se concluye que la evidencia científica es abrumadora acerca de la seguridad y beneficios de los cultivos transgénicos. El Vaticano también ha manifestado que la Biotecnología Agrícola podría permitir mejorar las vidas de los pobres y ofrecer mejoras significativas en sus vidas para los próximos años. Por último, el Vaticano ha manifestado su preocupación relacionada a las estrictas normas a las que deben ser sometidos los cultivos GM, ya que esto podría impedir aprovechar los beneficios que ofrece esta tecnología para la humanidad.





