
Alimentos genéticamente modificados o transgénicos
Definición
Los alimentos genéticamente modificados o transgénicos son aquellos que derivan de organismos transformados genéticamente mediante técnicas de ingeniería genética o ADN recombinante. En otras palabras, los alimentos GM se elaboran con Organismos Genéticamente Modificados.
Aunque comúnmente se habla de alimentos transgénicos para referirse a aquellos que provienen de cultivos vegetales modificados genéticamente, es importante recalcar que también se emplean enzimas y aditivos obtenidos de microorganismos transgénicos en la elaboración y procesamiento de muchos de los alimentos que ingerimos.
Los alimentos GM tienen el mismo olor y sabor que el alimento equivalente no transgénico a menos que la modificación genética se haya realizado específicamente para cambiar el olor o el sabor del alimento.
Sin embargo, si lo que se pretende con la modificación genética introducida es variar estas propiedades, evidentemente si habrá diferencias entre el alimento GM y el convencional, como sucede con algunas levaduras vínicas que han sido modificadas con determinados genes que darían lugar a un vino con un aroma más afrutado.
Con el uso de la tecnología de modificación es posible obtener alimentos con mayor contenido en vitaminas, proteínas y minerales, con un mayor tiempo de conservación y durabilidad o con menor contenido en grasas.

Alimentos GM en el mercado
Los críticos de los cultivos biotecnológicos han intentado perpetuar el mito de que los productos derivados de estos cultivos no se consumen en forma de alimento, sino únicamente de forraje o fibra. Por el contrario, se calcula que el 70 % de los alimentos elaborados que se comercializan en Estados Unidos y Canadá contienen ingredientes genéticamente modificados autorizados, de manera que unos 300 millones de personas llevan más de 10 años consumiendo productos derivados de cultivos biotecnológicos en Norteamérica sin que se haya insinuado siquiera un posible problema. Productos agrobiotecnológicos presentes en Estados Unidos son, entre otros, la soja, el maíz, el algodón (aceite), la colza, la papaya y la calabaza. En Sudáfrica, el maíz blanco que se utiliza tradicionalmente como alimento (el maíz amarillo se destina a forraje) tiene una variedad Bt que se consume desde 2001 y actualmente ocupa dos terceras partes del millón y medio de hectáreas totales dedicadas a la producción de maíz blanco. Sudáfrica consume además productos derivados de soja y algodón (aceite) biotecnológicos. Por último, China tiene autorizada una papaya biotecnológica que se consume desde 2006 y en 2009 autorizó un producto biotecnológico de arroz, que es el cultivo alimentario más importante del mundo. Además, muchos países han importado grandes cantidades de cultivos biotecnológicos sin que se hayan registrado incidencias sanitarias.
Si bien son 25 los países que han comercializado cultivos biotecnológicos en 2009, otros 32 países (lo que hace un total de 57) han autorizado la importación de cultivos de este tipo para uso alimentario y forrajero y su liberación al medio ambiente desde 1996. En total, se han otorgado 762 autorizaciones para 155 eventos en 24 cultivos. De este modo, la importación de cultivos biotecnológicos para consumo humano y animal y para su liberación al medio ambiente está aceptada en 57 países, algunos de ellos grandes importadores de alimentos como Japón, que no produce cultivos biotecnológicos. De los 57 países que han otorgado autorizaciones relativas a cultivos biotecnológicos, el primero de la lista es Japón, seguido de Estados Unidos, Canadá, Corea del Sur, México, Australia, Filipinas, la Unión Europea, Nueva Zelanda y China. El cultivo con mayor número de eventos aprobados es el maíz (49), seguido del algodón (29), la colza (15), la papa (10) y la soja (9). El evento que ha recibido autorización en mayor número de países es la soja tolerante a herbicidas GTS-40-3-2, con 23 autorizaciones (UE=27, cuenta como una sola autorización), seguido del maíz tolerante a herbicidas NK603 y el maíz resistente a insectos MON 810, con 21 autorizaciones cada uno, y el algodón resistente a insectos MON531/757/1076, con 16 autorizaciones en todo el mundo.

Seguridad de los alimentos GM
Los alimentos provenientes de plantas genéticamente modificadas son sometidos a rigurosos análisis y estudios que determinan su seguridad y que son la base para permitir su comercialización. Esta situación contrasta con lo que sucede con los alimentos producidos tradicionalmente, incluidos los producidos por radiación y mutación, los cuales no necesitan experimentarse de esta manera.
La seguridad de los alimentos GM que se encuentran actualmente en el mercado ha sido respaldada por organizaciones científicas internacionales como la FAO y la OMS, quienes han declarado que los alimentos GM que se encuentran comercializados son tan seguros como los convencionales.
Durante los 10 primeros años en que se han cultivado comercialmente plantas GM, se estima que cerca de 350 millones de toneladas de alimentos derivados de ellas, han sido consumidos sin reportarse ningún caso documentado de impacto negativo en la salud humana o animal o efectos nocivos en el medio ambiente.
Para la evaluación de seguridad de los alimentos GM se realizan pruebas exhaustivas y rigurosas de toxicidad, alergenicidad y contenido nutricional que garanticen la seguridad de estos alimentos.
Para realizar estas evaluaciones se utilizan los criterios establecidos por la Organización para la Agricultura y la alimentación de las Naciones Unidas (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), las cuales han establecido procedimientos para determinar la seguridad de los productos biotecnológicos y estos son tenidos en cuenta por los diferentes sistemas regulatorios alrededor del mundo.
Otras instituciones internacionales involucradas en este tema como la Organización de Cooperación para el Desarrollo (OECD), la International Life Science Institute (ILSI), el Colegio Americano de Nutrición y la Sociedad Americana de Toxicología, coinciden en afirmar que estos alimentos son tan seguros como sus contrapartes convencionales.
Países como Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia, Argentina, Colombia, Brasil, UE, Korea, Rusia etc. tienen sistemas regulatorios que les permiten determinar la seguridad de los productos de la biotecnología antes de su comercialización
Alimentos GM y alergias
El potencial riesgo de alergenicidad de los alimentos GM no es mayor que los poseídos por los alimentos provenientes de métodos de mejoramiento convencionales, o por los cultivos exóticos introducidos desde otras regiones del mundo.
La introducción de un nuevo gen o genes en una planta, mediante hibridación o mediante ingeniería genética, no supone necesariamente que la planta mejorada se convierta en productora de compuestos que produzcan alergia.
Por otro lado, a nivel mundial existen normas de evaluación de seguridad vigentes para la autorización de un alimento GM, previo a su comercialización, las cuales incluyen la revisión del potencial de alergenicidad de la nueva proteína producida y del alimento, garantizando la seguridad para la salud.
Si un consumidor no es alérgico a los productos de una planta convencional, es altamente improbable que resulte alérgico a los productos o derivados de la misma planta pero que ha sido genéticamente modificada.
Con relación a las proteínas de los alimentos GM, se han identificado tres maneras potenciales de producción de efectos adversos sobre la salud: toxicidad, alergenicidad y alteraciones de los nutrientes. Independientemente de la tecnología utilizada en su producción, incluyendo la milenaria modificación genética propia del mejoramiento a través del cruce y la selección convencional de variedades, las proteínas presentes en los alimentos representan un riesgo alergénico para quien las ingiere. En consecuencia, se ha introducido una serie de protocolos, procedimientos o recomendaciones con el fin de determinar y evaluar la alergenicidad de las proteínas presentes en los alimentos GM.
La evaluación de una nueva proteína potencialmente alergénica se fundamenta no solo en el entendimiento clínico y epidemiológico de la respuesta alérgica sino en el conocimiento de sus características físicas y químicas. De los cientos de miles de proteínas diferentes que se ingieren, solamente una fracción relativamente muy pequeña, menos de 1 en 100.000 aproximadamente, podría ser alergénica. La mayoría de las reacciones alérgicas inducidas por alimentos corresponden a la leche, los huevos y el maní en el caso de los infantes en los Estados Unidos, mientras que en la población adulta de este mismo país, el maní, las nueces de árbol, el pescado y los mariscos explican la mayoría de estas reacciones. A estos alimentos se añade la soya, el trigo, el arroz, el maíz, el banano, el frijol, el apio, el kiwi, la oliva, la papaya, la piña, los cítricos, la manzana, el tomate, entre otros; todos ellos modificados genéticamente por métodos convencionales de mejoramiento y no por la moderna ingeniería genética. Aproximadamente 160 alimentos y sustancias relacionadas con alimentos están asociados con la inducción de reacciones alérgicas.
Cuando un transgen codifica una proteína conocida como alérgeno, se puede anticipar con una altísima probabilidad que tal proteína en un ambiente transgénico preservará sus propiedades alergénicas. Cuando no se dispone de esta información, se debe acudir a estrategias alternativas. Las estrategias más utilizadas se basan en las homologías (similitudes) de secuencias de aminoácidos entre la proteína en cuestión y alérgenos conocidos, y la estabilidad al calor y al tratamiento con ácidos y enzimas digestivas.
Aunque la mayoría de las personas no experimenta reacciones adversas a los alimentos, alergia a estos es desarrollada por un pequeño porcentaje de la población. La alergia a los alimentos afecta aproximadamente al 6-8% de los niños menores de 3 años, al 1.5-2% de la población adulta y aproximadamente al 2-3% de la población norteamericana en general, aunque estudios más recientes indican que se estaría acercando a aproximadamente el 4%.
Evaluación de la alergenicidad de los alimentos GM
Para la evaluación de riesgos alergénicos potenciales producidos por la modificación genética conseguida con la moderna tecnología transgénica, o con los métodos convencionales de mejoramiento genético, no se dispone en el momento de un método consensuado. Sin embargo, para bordar la alergenicidad potencial de los alimentos GM se organizó un plan en la forma de un árbol de decisiones, el cual se considera adecuado, aunque susceptible de ser mejorado.
La preocupación por la alergenicidad potencial de los alimentos GM, se vio exacerbada por el incidente sucedido con el maíz StarLink resistente a insectos mediante la expresión del transgen bioinsecticida Cry9c de Bacillus thurigiensis (Bt). Este maíz fue aprobado para consumo animal, pero en septiembre de 2000 se confirmó que estaba presente como contaminante en alimentos para humanos. Con la intervención de varias agencias norteamericanas, especialmente del CDC, no se pudo demostrar que la proteína Cry9c fue realmente el producto relacionado con algunas quejas de alergias supuestamente debidas al consumo de este maíz.
Por otra parte, en un estudio post-mercado se determinaron los niveles de anticuerpos IgE específicos contra las proteínas recombinantes fosfinotrocin-N-acetiltransferasa (PAT) acetiltransferasa (PAT), 5-enolpiruvilshiquimato-3-fosfato sintasa (CP4-EPSPS) y la toxina Cry9c que confieren resistencia, respectivamente, al herbicida fosfinotricina (glufosinato), al herbicida glifosato y a insectos. Herouet y colaboradores encontraron que la proteína PAT no es toxica ni presenta características asociadas con alérgenos y además es fácilmente digerida en jugos gástricos simulados.
La CP4-EPSPS también se ha encontrado que es fácilmente digerida y carece de inmunotoxicidad de acuerdo con ensayos realizados en ratones y ratas alimentadas con soya transgénica. Batista y colaboradores realizaron un estudio post-mercado para CP4-EPSPS y Cry1Ab y no encontraron respuesta alérgica a estas dos proteínas. Takagi y colaborados, utilizando sueros de pacientes alérgicos a alimentos que contenían alérgenos conocidos, no encontraron sueros positivos con IgE específica para PAT, CP4-EPSPS y Cry9c.
Recientemente se estudió el potencial alergénico de materiales GM aprobados para comercialización en la Unión Europea.
Tomaron parte individuos, muchos de ellos niños, cuya probabilidad de haber ingerido alimentos GM fue cercana al 100%. Se examinaron extractos de maíz transgénico que contenían la proteína insecticida Cry1Ab y de soya transgénica resistente a herbicida y que expresaba la proteína PAT, así como estas proteínas puras. En pruebas de reactividad de IgE, utilizando sueros de pacientes con alergia documentada a alimentos, incluyendo maíz y soya, no se encontraron individuos que reaccionaran diferencialmente a las muestras transgénicas y no transgénicas incluidas en el estudio ni a las proteínas transgénicas puras.
Así mismo, tomando en consideración el concepto de reactividad cruzada potencial con base en la homología de la secuencia de aminoácidos, se realizó una investigación para determinar si la proteína alergénica de ácaros del polvo casero reaccionaba en forma cruzada con la proteína insecticida Cry1F de Bt, presente en plantas de maíz GM para conferirles resistencia a lepidópteros. La investigación fue motivada porque ambas proteínas compartían una secuencia idéntica de 6 aminoácidos. Los resultados mostraron una ausencia de reactividad cruzada, restando así soporte a la utilización de una similitud en 6 aminoácidos como criterio de potencial reactividad cruzada.
Tecnología transgénica y producción de plantas hipoalergénicas
La ingeniería genética también ofrece oportunidades para la producción de plantas hipoalergenicas mediante el silenciamiento de los genes que codifican las proteínas alergénicas. En efecto, se han generado con esta estrategia plantas del árbol ballico que no producen el alérgeno mayor de su polen. La tecnología de interferencia de RNA (RNAi), utilizada para el silenciamiento post-transcripcional de genes, ha sido exitosa en la supresión de los alérgenos de arroz, soya, manzana, maní y tomate.
Los riesgos de alergenicidad de los alimentos GM no parecen ser mayores que los poseídos por los alimentos provenientes de cultivos modificados genéticamente con los métodos convencionales de mejoramiento, o por los cultivos exóticos introducidos desde otras regiones del mundo. Obviamente, el riesgo potencial alergénico de los alimentos GM debe ser colocado en el mismo contexto de los cultivos modificados genéticamente por los métodos convencionales y de los provenientes de otras regiones del mundo.
En cierto sentido, los alimentos GM parecen tener una mayor salvaguarda en términos de su alergenicidad o toxicidad potenciales debido a que están sometidos a protocolos o guías de bioseguridad, ausentes en su contraparte convencional.
Beneficios de los alimentos GM
La biotecnología y las técnicas de modificación genética están siendo utilizadas ampliamente en la industria alimenticia, contribuyendo al desarrollo de productos más seguros, saludables y nutritivos.
Los alimentos genéticamente modificados presentan grandes beneficios para el consumidor como:
Mejor contenido nutricional
Grandes avances se han logrado en el desarrollo del arroz dorado (golden rice) el cual podrá combatir las carencias de vitamina A y hierro, relacionadas con ceguera en niños y anemia en mujeres embarazadas en naciones en vías de desarrollo.
Así mismo, logrará la prevención de enfermedades del corazón y cáncer, al poseer mayor cantidad de vitamina C y E.
Mejor calidad de alimento
Al modificar los genes que regulan la velocidad de maduración de frutos es posible obtener variedades de maduración lenta y, de esta manera, lograr que aún tras los manejos de postcosecha o transporte los alimentos no lleguen al consumidor en estados avanzados de madurez.
De la misma manera, se podrá contar con aceites vegetales con menores niveles de ácidos saturados y papas con incremento en los niveles sólidos, es decir, que absorben menos grasa en el momento de freírlas.
Reducción de sustancias tóxicas
Investigaciones realizadas en Brasil y en otros países muestran que el maíz Bt, modificado genéticamente para resistir el ataque de ciertos insectos al ser comparado con el maíz convencional, presenta un bajo nivel de micotóxinas como resultado de la reducción en el daño de los insectos y, de este modo, del índice de contaminación con hongos. Con menor presencia de hongos en las mazorcas se reduce la presencia de micotóxinas en los granos y se obtiene un producto de mejor calidad y con menor impacto en la salud humana.
Las micotóxinas se encuentran en diversos alimentos y piensos y se han relacionado con diversas enfermedades de animales y personas. La exposición a micotóxinas puede producir toxicidad tanto aguda como crónica, con resultados que van desde la muerte hasta efectos nocivos en los sistemas nervioso central, cardiovascular y respiratorio y en el aparato digestivo. Las micotóxinas pueden también ser agentes cancerígenos, mutágénicos, teratógenos e inmunodepresores.
Actualmente está muy extendida la opinión de que el efecto más importante de las micotoxinas, particularmente en los países en desarrollo, es la capacidad de algunas micotoxinas de obstaculizar la respuesta inmunitaria y, por consiguiente, de reducir la resistencia a enfermedades infecciosas
Eliminación de sustancias alergénicas en los alimentos
Actualmente la aplicación de la biotecnología moderna permite adelantar trabajos de modificación genética en diversas especies para reducir o eliminar sustancias nocivas. Es el caso de la yuca, cuyas raíces contienen niveles elevados de cianuro, cuya acumulación en la sangre puede producir efectos perjudiciales.
En Japón se ha reducido una proteína alergénica del arroz mediante la modificación de su ruta biosintética. También se realizan investigaciones para reducir la alergenicidad en el trigo (menor contenido de gluten), una de las alergias más frecuentes. Trabajos adicionales se adelantan para la obtención de maní sin alergenos.






