Evidencia científica

Estrictamente hablando, no se puede emitir un juicio sobre los cultivos transgénicos o sus alimentos derivados, en general, igual que no se puede, por ejemplo, emitir un juicio sobre los medicamentos. Cada organismo transgénico es evaluado individualmente para verificar su seguridad para el consumo humano y para el medio ambiente.

Actualmente existe a nivel social y político una polémica en torno a la seguridad de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados, sin embargo, a nivel científico no existe polémica o controversia respecto a la seguridad de este tipo de cultivos. A la fecha, más de 2000 estudios científicos han evaluado la seguridad de estos cultivos a nivel de salud humana e impacto ambiental, y estos, junto a diversas revisiones caso a caso de agencias regulatorias alrededor del mundo, han permitido establecer un consenso científico sólido y claro: los cultivos transgénicos no presentan mayor riesgo que los que han sido desarrollados por técnicas de mejoramiento convencional.

El consenso científico es que los alimentos derivados de cultivos transgénicos son seguros y que no se ha documentado ningún caso de efectos adversos en la salud en la población humana y a su vez estos cultivos son más amigables con el medio ambiente, algo en lo que coinciden las principales asociaciones científicas, como PNAS, la Academia Nacional de Ciencias, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, la Asociación Médica Americana, la Comisión Europea o la Royal Society of Medicine. En total, más de 270 instituciones científicas y organizaciones han reconocido la seguridad de los cultivos transgénicos y sus potenciales beneficios. Curiosamente la mayor cantidad de estas instituciones se ubican en Europa, el continente que más obstáculos ha puesto a la comercialización de estos cultivos.

Puedes acceder al listado de 270 organizaciones científicas en el siguiente enlace http://www.siquierotransgenicos.cl/2015/06/13/more-than-240-organizations-and-scientific-institutions-support-the-safety-of-gm-crops/

Salud

Existe un amplio consenso científico de que las variedades de organismos transgénicos actualmente en el mercado son seguras para el consumo humano y no presentan más problemas que los alimentos convencionales. Hasta la fecha en la literatura científica no se ha documentado ningún efecto perjudicial por consumo de transgénicos. Según la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, “los alimentos derivados de organismos transgénicos no representan un peligro mayor que los mismos cultivos obtenidos por técnicas convencionales de mejoramiento”. La Asociación Médica Americana, las Academias Nacionales de la Ciencia y la Sociedad Real de Medicina han declarado que no se ha informado en la literatura científica de ningún efecto para la salud en la población humana por el consumo de transgénicos. En 2004 se publicó el informe del Grupo de Trabajo 1 del proyecto ENTRANSFOOD, compuesto por científicos y financiado por la Unión Europea para identificar los prerrequisitos necesarios para introducir productos biotecnológicos agrarios en el mercado de manera aceptable para la sociedad. En este informe, se concluía que “los métodos existentes para la evaluación de la seguridad de los organismos genéticamente modificados (GMOs) son eficientes y garantizan que los alimentos GM que han pasado estas pruebas son tan seguros y nutricionales como los alimentos convencionales”.

En 2010, el Directorio General para la Investigación y la Innovación de la Comisión Europea emitió un informe en el que se aseguraba que “La principal conclusión obtenida de los esfuerzos de más de 130 proyectos de investigación, cubriendo un periodo de más de 25 años de investigación e involucrando a más de 500 grupos de investigación independiente, es que la biotecnología, y en partículas los OGM no son per se más peligrosos que, por ejemplo, las técnicas convencionales de cruce de plantas”.

Medio ambiente

Los cultivos transgénicos se plantan en condiciones muy similares a las de los cultivos convencionales. Interaccionan directamente con los organismos que se alimentan en los cultivos e indirectamente con otros organismos de la cadena alimentaria. El polen se esparce en el medio ambiente de la misma manera que el de los cultivos convencionales. Esto ha hecho que surja la preocupación sobre los efectos de los OGM en el medio ambiente. Entre los posibles efectos se incluyen el flujo genético y la aparición de resistencias a pesticidas.

Una de las aplicaciones más comunes de las modificaciones genéticas es el control de insectos plaga mediante la expresión de los genes cry (crystal delta-endotoxin) y vip (vegetative insecticidal proteins) de la bacteria Bacillus thuringiensis (Bt). Estas proteinas Bt han sido usadas en aspersión desde 1938 sin que se hayan observado efectos perjudiciales. La proteína cry afecta selectivamente a lepidópteros (polillas). Su mecanismo de acción se basa en su unión a receptores específicos de las células epiteliales del tracto digestivo medio del insecto plaga, provocando su ruptura. Cualquier organismo que no tenga estos receptores resulta inmune a la acción de esta proteína y no es afectado por el Bt. Las agencias regulatorias evalúan el potencial de las plantas transgénicas de afectar a organismos aparte del objetivo antes de aprobar su uso comercial.

Pesticidas y herbicidas

Una de las ventajas del uso de ciertos cultivos transgénicos es la reducción en el uso de pesticidas y herbicidas. El uso de cultivos resistentes al herbicida glifosato ha reducido el uso de herbicidas más tóxicos y con mayor permanencia en el medio ambiente como la atracina, metribucina o el alacloro, reduciendo el riesgo de contaminación de acuíferos (Shipitalo et al., 2008)

El uso de cultivos transgénicos con el gen Bt reduce la necesidad de pesticidas convencionales (Marvier et al., 2007). Entre 1996 y 2013, el uso de cultivos transgénicos permitió una reducción global en el uso de pesticidas de 553 millones de kilos de ingrediente activo, una disminución del 8,6% (Brookes & Barfoot 2015). Si en la Unión Europea el 50% de los cultivos fueran transgénicos, se estima que se dejarían de usar 14.5 millones de kilos de pesticidas y se produciría un ahorro de 20.5 millones de litros de diésel, lo que reduciría las emisiones de CO2 a la atmósfera en 73.000 toneladas (Phipps & Parks 2002).

Sin embargo las especies evolucionan de forma natural para adaptarse a los nuevos ambientes, y se han detectado insectos plaga resistentes a cultivos que sólo expresan un gen cry (Bt).

Para contrarrestar estas adaptaciones se han desarrollado cultivos que expresan más de un gen Bt, que se dirigen a más de un receptor en los insectos, dificultando la aparición de individuos resistentes.

Referencias:

Brookes G, Barfoot P. (2015). Environmental impacts of genetically modified (GM) crop use 1996-2013: Impacts on pesticide use and carbon emissions. GM Crops Food. 6(2):103-33.

Marvier M, McCreedy C, Regetz J, Kareiva P (2007). A meta-analysis of effects of Bt cotton and maize on nontarget invertebrates. Science 316 (5830): 1475–7.

Phipps R, Parks JR. (2002) Environmental benefits of genetically modified crops: Global and European perspectives on their ability to reduce pesticide use. Journal of Animal and Feed Sciences 11: 1–18.

Shipitalo MJ, Malone RW, Owens LB (2008). Impact of Glyphosate-Tolerant Soybean and Glufosinate-Tolerant Corn Production on Herbicide Losses in Surface Runoff. Journal of Environment Quality 37 (2): 401–8.

Efectos económicos

Las ventajas económicas derivadas de la producción de alimentos transgénicos ha sido uno de los puntos fuertes de la expansión de esta tecnología. Una de las razones clave para la adopción de cultivos transgénicos por parte de los agricultores es la percepción de los beneficios económicos que les puede traer, incluso a agricultores de naciones en desarrollo. Un estudio exhaustivo de 2012 de PG Economics, concluyó que los cultivos transgénicos incrementaron los ingresos de los agricultores globalmente en 14.000 millones de dólares en 2010, con casi la mitad de este total yendo a los agricultores de países en desarrollo (Brookes & Barfoot 2012; ver sección beneficios).

Suicidios en la India

Desde finales de los años 1990 y hasta el 2013, se han publicado varios artículos llamando la atención sobre el alto número de suicidios entre agricultores indios endeudados. De hecho, 290000 agricultores se suicidaron entre 1995 y 2011. Algunos estudios remontan este incremento de suicidios a principios de los años noventa. No está clara la causa de este alto índice de suicidios aunque existen estudios que apuntan a las sequías y, en general, a la mala situación económica y la ausencia de políticas de protección social por parte del Estado.

Aunque algunos grupos han responsabilizado al aumento de producción transgénica en la India de este hecho, normalmente se han basado en malas interpretaciones estadísticas o en que las semillas cosechadas no pueden ser sembradas porque carecen de vigor. La conexión entre OGM y los suicidios se considera normalmente desacreditada. De hecho, la ola de suicidios es anterior a la introducción del algodón Bt en la India en 2002 y las causas son principalmente socio-económicas.

Análisis estadísticos de los datos proporcionados por el gobierno indio (publicados en Nature) llevan a la conclusión de que la introducción del algodón transgénico en el 2003, no impactó en el número de suicidios.

Referencias:

Case studies: A hard look at GM crops. Nature. 1 de mayo de 2013.

Guillaume Gruèrea & Debdatta Senguptaa (2011). Bt Cotton and Farmer Suicides in India. 47, Issue 2. The Journal of Development Studies.

Etiquetado

La polémica sobre los transgénicos también se traslada a la obligación o no de etiquetar los alimentos que contengan algún componente derivado de cultivos transgénicos. En este aspecto, la legislación varía según los países. En Estados Unidos y Canadá no es necesario este etiquetado, pero sí en la Unión Europea, Japón y Australia. Este etiquetado requiere la separación de los componentes transgénicos y no transgénicos durante su producción pero también durante el procesado subsiguiente, lo que exige un cuidadoso seguimiento de su trazabilidad.

Organismos científicos como la Asociación Médica Estadounidense (AMA) o la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS) se han opuesto al etiquetado obligatorio de los productos modificados genéticamente porque consideran que no hay ninguna evidencia de daños potenciales. Según la AMA, incluso el etiquetado voluntario de los transgénicos es engañoso a menos que esté acompañado de una educación enfocada al consumidor. La AAAS ha declarado que el etiquetado obligatorio “solo puede servir para confundir y alarmar infundadamente al consumidor”.

Otros organismos como la Asociación Estadounidense de la Salud Pública (APHA), o la Asociación Médica Británica (BMA) apoyan el etiquetado obligatorio.

Países netamente exportadores como los Estados Unidos han adoptado estrategias de etiquetado voluntario, mientras que algunos importadores han adoptado legislaciones que obligan al etiquetado.

Propiedad intelectual

Un argumento frecuentemente esgrimido en contra de los cultivos transgénicos es el relacionado con la gestión de los derechos de propiedad intelectual que obligan al pago de regalías por parte del agricultor al mejorador. Asimismo, se alude al uso de estrategias moleculares que impiden la reutilización del cultivo, es decir, el empleo de parte de la cosecha para cultivar en años sucesivos. Un ejemplo conocido de este último aspecto es la tecnología Terminator, englobado en las técnicas de restricción de uso (GURT), desarrollada por el Departamento de Agricultura de EE.UU. y la Delta and Pine Company en la década de 1990 y que aún no ha sido incorporada a cultivares comerciales, y por supuesto no está autorizada su venta. La restricción patentada opera mediante la inhibición de la germinación de las semillas, por ejemplo. Cabe destacar que el uso del vigor híbrido, una de las estrategias más frecuentes en mejora vegetal, en las variedades no transgénicas también imposibilita la reutilización de semillas debido a la biología de los cultivos. Este procedimiento se basa en el cruce de dos líneas puras que actúan como parentales, dando lugar a una progenie con un genotipo mixto que posee ventajas en cuanto a calidad y rendimiento. Debido a que la progenie es heterocigota para algunos genes, si se cruza consigo misma da lugar a una segunda generación muy variable por simple mendelismo, lo que resulta inadecuado para la producción agrícola.

En cuanto a la posibilidad de patentar las plantas transgénicas, éstas pueden no someterse a una patente propiamente dicha, sino a unos derechos del obtentor, gestionados por la Unión Internacional para la Protección de Nuevas Variedades de Plantas (UPOV). Para la UPOV en su revisión de 1991, la ingeniería genética es una herramienta de introducción de variación genética en las variedades vegetales. Bajo esta perspectiva, las plantas transgénicas son protegidas de forma equivalente a la de las variedades generadas por procedimientos convencionales.