El caso de las ratas que desarrollan tumores por ingerir maíz transgénico y/o herbicida Roundup

En Septiembre 2012 se publicó en la revista Food and Chemical Toxicology los resultados de un estudio encabezado por del microbiólogo francés Gilles-Eric Séralini, en el que ratas fueron alimentadas con maíz transgénico tolerante al herbicida glifosato (maíz NK603) y/o expuestas al herbicida Roundup. Los autores concluyeron que tanto el maíz transgénico como el herbicida pueden causar “efectos adversos severos en la salud, incluyendo tumores de mama y daños hepáticos y renales, ocasionando muerte prematura”. Incluso, algunos medios de prensa señalaron que las ratas habían desarrollado tumores del tamaño de una pelota de ping pong producto del maíz transgénico y/o el herbicida. Los autores alegan además que éste sería el primer artículo científico revisado por pares que incluye un estudio de alimentación a largo plazo de algún cultivo transgénico.
Sin embargo, luego de analizar la publicación, la comunidad científica mundial ha criticado el estudio, argumentando que se ha llevado a cabo una metodología deficiente y por lo tanto sus conclusiones no tienen validez alguna.

1.- La cepa de rata utilizada desarrolla de forma natural una gran cantidad de tumores a medida que envejece. Los investigadores utilizaron la cepa de rata Sprague-Dawley, la cual es conocida en el ámbito científico por desarrollar tumores espontáneos a medida que envejece en condiciones normales de vida. Aparición espontánea significa que los tumores aparecen con la edad sin necesidad de aplicar algún tratamiento (como alimentar con transgénicos o herbicidas). Este detalle no se da a conocer en la publicación a pesar que se observa que las ratas “control” se mueren y tienen una incidencia de tumores similar a los grupos tratados. En la literatura científica se ha reportado incidencias de tumores espontáneos de hasta 87% en esta cepa de rata luego de 2 años de evaluación (la misma duración que el estudio de Seralini), y se ha observado que con la edad de las ratas los tumores aumentan considerablemente su aparición (Exp Anim. 2001; 50(2):99-103; J Cancer Res Clin Oncol. 1979; 95(2):187-96). Así, considerando la combinación del tamaño muestral de los experimentos (10 ratas por tratamiento), la cepa de rata utilizada (Sprague-Dawley), y la larga duración del experimento (2 años), existe una alta probabilidad que los resultados observados por Seralini se deban sólo al azar.

2.- No se realizó un análisis estadístico que indicase que lo que se observó no se debía al azar. Los autores indican que producto de los tratamientos (maíz NK603 y/o Roundup) hubo algunas ratas que murieron antes que las ratas control. Sin embargo los autores no utilizaron ningún sistema estadístico para validar esto. Además, no se realizó un análisis estadístico que comparase la incidencia de tumores entre las ratas “tratadas” y las ratas “control”. Cabe destacar que las tasas de mortalidad y la incidencia de tumores presentadas en el estudio están dentro de los valores normales y esperados para esta cepa de ratas de laboratorio. De esta forma, no es posible afirmar que el maíz transgénico de la dieta o el herbicida provocaron la aparición de tumores.

3.- No se describió la ingesta de alimentos de las ratas. La cepa de rata Sprague-Dawley es muy propensa a desarrollar tumores mamarios cuando la ingesta de alimentos no está restringida. En el ámbito científico es conocido que la incidencia de los tumores espontáneos en estas ratas varía en gran medida dependiendo del origen de los animales, el background genético, la edad, el sexo y la dieta (Cancer Res. 1973; 33(11):2768-73).

4.- No hay una relación dosis-respuesta entre las variables experimentales y los supuestos efectos observados. Lo esperado es que a mayor dosis de un producto mayor sea el efecto observado, algo que no se aprecia en los datos de la publicación. Según los datos entregados, se ve que algunos “grupos tratados” de ratas, los cuales recibieron altas cantidades de maíz en la dieta, en realidad presentaron menos tumores que grupos que recibieron pequeñas cantidades de maíz en la dieta, e incluso menos tumores que las ratas control. De manera similar, dos “grupos tratados” expuestos al herbicida Roundup tuvieron igual o menor incidencia de tumores en comparación con el grupo control.

5.- Los autores se han negado a entregar los datos del experimento a la comunidad científica. Los autores señalan en la publicación “todos los datos no pueden ser mostrados en un reporte, y los más relevantes son descritos aquí”. Sin embargo, los trabajos que involucran una gran cantidad de datos habitualmente informan éstos como material suplementario a una publicación. La explicación no es aceptable. Por ejemplo, los autores señalan que se observan daños hepáticos y renales en las ratas analizadas. Sin embargo no se entregan datos sobre la histopatología hepática y/o renal y tampoco se muestran evaluaciones de las funciones hepáticas.

6.- No se evaluó la presencia de micotoxinas en los maíces analizados. La contaminación con hongos de los productos agrícolas es muchas veces inevitable y cada vez más preocupante por su frecuencia. La contaminación con micotoxinas (metabolitos tóxicos producidos por hongos) puede ocurrir en el cultivo, durante la cosecha, en el almacenaje e incluso después de fabricar el alimento. Este parámetro habitualmente es medido cuando se llevan a cabo ensayos de alimentación con maíces para así descartar la acción de éstas toxinas en algún posible efecto observado en una investigación.

7.- Los resultados del estudio entran en conflicto con la vasta literatura científica que ha evaluado la inocuidad del maíz NK603. Para garantizar la seguridad de los cultivos transgénicos, las agencias regulatorias de todo el mundo realizan rigurosas evaluaciones de riesgo. En particular, el maíz NK603 ha sido evaluado y autorizado para consumo humano y animal en por lo menos 15 países, incluyendo a Estados Unidos, Canadá, Colombia, México, Japón, China, Argentina, Brasil, Uruguay y la Unión Europea, entre otros. Desde su liberación comercial, el año 2000, no ha habido ninguna evidencia de daño a la salud humana o animal asociado con su consumo. Se puede acceder a información más detallada sobre la inocuidad del maíz NK603 en el sitio www.cera-gmc.org y en los sitios de los marcos regulatorios de los diferentes países donde fue aprobado.

8.- La literatura científica demuestra que no hay evidencias que asocien al herbicida Roundup con efectos adversos a la salud. El glifosato es el principal ingrediente activo del herbicida Roundup. Según la Organización Mundial de la Salud, el glifosato posee baja toxicidad aguda, no es genotóxico (no provoca daños ni cambios en el material genético), no es cancerígeno, no es teratogénico (no afecta el normal desarrollo embrionario; no provoca malformaciones), no es neurotóxico (no afecta el sistema nervioso) y no tiene efectos sobre la reproducción. El glifosato inhibe específicamente una enzima esencial para el metabolismo de las plantas, la cual no poseen animales y humanos. Por eso se explica su baja toxicidad en animales. Las autoridades regulatorias de todo el mundo junto con extensas revisiones de la literatura científica reciente demuestran que no hay evidencias que asocien a este herbicida con efectos adversos a la salud (Regul Toxicol Pharmacol. 2012; 63(3):440-52; J Toxicol Environ Health B Crit Rev. 2012; 15(1):39-96; Regul Toxicol Pharmacol. 2011; 61(2):172-84; Rev Environ Contam Toxicol. 2000; 167:35-120; Regul Toxicol Pharmacol. 2000; 31(2):117–165)

9.- El maíz NK603 posee una proteína adicional presente en todas las plantas. Este maíz expresa una forma de la enzima (proteína) EPSPS derivada de bacterias, que confiere resistencia al herbicida glifosato. La EPSPS está presente en todas las plantas, así como en las bacterias que se encuentran en la flora intestinal humana y animal. Es una proteína fácilmente digerible que carece de efectos adversos conocidos en especie alguna. Simplemente no hay un medio plausible por el cual EPSPS o el material genético que la codifica puedan causar cáncer – del mismo modo que las decenas de miles de otras proteínas dietéticas. Cabe destacar que no se realizan ensayos crónicos de toxicología sobre proteínas no tóxicas en la dieta humana. Virtualmente ninguna de las proteínas vegetales en la dieta (incluida EPSPS) han sido testeadas, simplemente porque no hay un fundamento racional para hacerlo, dada su naturaleza.

10.- Los autores han sido desacreditados reiteradas veces por la comunidad científica mundial por sus trabajos deficientes. Gilles-Eric Séralini ha publicado previamente otros trabajos de alimentación animal que pretenden probar que el consumo de alimentos derivados de cultivos transgénicos afecta negativamente la salud. Muchos de estos trabajos se basan en datos de otros autores (que concluyen lo contrario) y no en resultados experimentales propios. Sus publicaciones han sido cuestionadas y rechazadas por científicos y reguladores de todo el mundo, como por ejemplo por:

– European Food Safety Authority, EFSA (http://www.efsa.europa.eu/en/press/news/gmo070628.htm);
– AFFSA (L’Agence française de sécurité sanitaire des aliments) (http://www.afssa.fr/Documents/BIOT2007sa0109.pdf);
– Bundesinstitut fur Risikobewertung (BfR) [Federal Institute for Risk Assessment] (http://www.BfR.bund.de/cm/208/90_tage_studie_an_ratten_mit_mon863_mais.pdf);
– Food Standards Australia New Zealand (http://www.foodstandards.gov.au/scienceandeducation/publications/);
– French High Council of Biotechnologies (HCB) (http://www.food.gov.uk/multimedia/pdfs/acnfp9612a2);
– Doull et al. 2007 (Food and Chemical Toxicology 2007; 45:2073–2085).